¿Qué nos dicen los sonidos de la naturaleza? Peruana construye una librería acústica
La científica Carla Mere registra los sonidos de los Andes Amazónicos
Yvette Sierra Praeli
¡Recibe las noticias más importantes de Baja California Sur a través de nuestro newsletter!
—¿En qué consiste sus investigaciones con los sonidos de la naturaleza?
—¿A qué se refiere con patrón ecológico?
—Los investigadores se enfocan en plantas, en los individuos de árboles, trabajan ranas o con insectos. Todo es a nivel de especie.
—¿Puede explicar qué es un índice acústico?
—Un índice acústico resume la actividad vocal de un lugar. Mezcla todo, no diferencia entre rana, entre ave, entre mono, sino que es un valor que está resumiendo el sonido en ese lugar.
Estamos trabajando en el Valle del Kosñipata y tenemos un gradiente elevacional donde tenemos acceso de manera rápida, está relativamente bien conservado, hay datos y patrones que se han establecido con estudios anteriores que nos puede servir para corroborar.
—¿Qué características tiene el ecosistema en el que realiza su investigación?
—¿Cómo se relaciona esta investigación con el cambio climático?
—¿Cómo sería?
—¿Qué se busca con estos análisis?
—Nuestro objetivo es crear una metodología que pueda ser replicada por las personas que hacen gestión en áreas protegidas. Siento que puede ser una manera más rápida y resumida para los tomadores de decisiones.
—¿Cuánto tiempo lleva investigando los sonidos en el Valle de Kosñipata?
—¿Cómo se hicieron estas mediciones?
Por las condiciones del ambiente teníamos que invertir en equipos que resistan en estos climas. Los colocábamos por un mes y luego sacábamos los datos, cambiábamos las baterías y se dejaban nuevamente. De 2023 a 2024 teníamos 16 equipos y el año pasado tuvimos diez.
—¿Qué resultados tienen hasta el momento?
El índice acústico nos sirve para monitorear cambios de diversidad a lo largo de una elevación. Eso es lo que queremos comprobar.
—En lo revisado hasta ahora, ¿qué especies ha encontrado en mayor cantidad?
—Estas zonas de montaña son tan importantes porque son hotspots de biodiversidad, debido al gradiente altitudinal. En cada elevación tenemos una comunidad de especies únicas. Es lo que se llama diversidad beta.
—¿Resulta difícil analizar los sonidos?
—¿Una librería acústica?
Están los datos ahí y si tenemos a un experto de ave, de ranas, de insectos, que esté dispuesto a revisar los audios para aumentar la librería. Esto es un aporte a la ciencia bastante grande. Todo tiene que ser Open Access.
Tenemos los datos en discos duros y, lo bueno, es que también cada estación biológica guarda una copia en caso de que haya algún tesista interesado en usar datos acústicos.
—¿Han desarrollado algoritmos mediante inteligencia artificial para hacer estos análisis?
—Aún no. Faltan manos y son muchos datos. Nos gustaría poder conectar con más investigadores, instituciones que estén interesados en la acústica para poder colaborar con el etiquetado de sonidos por especie y contribuir con la validación de modelos acústicos.
—¿Por qué en estos periodos?
—Todo tiene que ver con la lluvia, pues viene la floración y la fructificación. Muchas especies empiezan a reproducirse en esa época, las aves, por ejemplo, comienzan a poner sus nidos. Entonces, sabemos que son épocas clave de cambios. La biodiversidad en esas épocas cambia.
Y los cambios de clima afecta a la fenología de las plantas y la fenología de las plantas afecta a la disponibilidad de recursos para muchos animales. Sin los recursos, los animales no tienen energía y sin energía, pues eso también afecta sus ciclos de reproducción.
—¿Qué espera de este proyecto?
— Debemos aprovechar las nuevas herramientas de tecnologías de conservación para colectar datos de manera mucho más eficiente, efectiva y no invasiva, pero sin dejar de lado la historia natural, sin dejar de lado la biología de campo.
—¿Cuáles son esas preguntas claves sobre el cambio climático?
* Este artículo se publicó el 14 de julio en Mongabay Latam.




























