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Culturajueves, 3 de julio de 2025

Filmes mudos de los 20 forman parte de la memoria del cine de Baja California Sur

El investigador Lefteris Becerra propone crear el archivo cinematográfico estatal de Sudcalifornia

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Emilio Trejo / El Sudcaliforniano

El responsable del proyecto, el investigador cultural Lefteris Becerra, propuso reunir este patrimonio visual —desde filmes mudos de las décadas de 1910 y 1920 hasta documentales contemporáneos— en una institución pública que garantice su preservación, exhibición y difusión.

“Mi primer impulso fue crear un archivo, pero me di cuenta de que tenía que justificarlo: primero debía demostrar que existía un corpus que lo ameritara”, relató comentando ejemplos como el archivo fílmico de Nuevo León o Sonora.

El trabajo inició desde la experiencia en cineclubes y exhibiciones comunitarias. Películas como Los otros californios o La Recua sorprendían al público local por su retrato de los paisajes, la cultura oral y las memorias del estado.

Ese asombro compartido fue el punto de partida: “Me entusiasmó plantear que era importante crear un archivo audiovisual aquí, sobre todo al conocer cómo surgieron otros archivos fílmicos en el mundo, que nacieron precisamente desde cineclubes”, explicó.

Durante el doctorado, Becerra reorientó su enfoque, no bastaba con la idea del archivo, había que investigar primero cuánto se había filmado sobre Baja California Sur, en el estado o con temas que lo involucraran.

El resultado fue una filmografía de 156 títulos, todos sistematizados. La tesis doctoral del investigador con 717 páginas disponibles en el repositorio digital de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS).

Ahí se incluye un anexo en donde cada obra cuenta con ficha técnica, sinopsis y datos sobre dirección, fotografía, sonido, género y año de producción.

Los materiales abarcan desde un corto mudo de los años 20, filmado supuestamente en la costa sudcaliforniana durante la temporada de ballenas jorobadas que trata el tema de la caza, hasta documentales, películas y series de 2021.

Incluso hay evidencia indirecta de un filme científico grabado en 1911 o 1912 por un grupo de estadounidenses, del que se conservan crónicas periodísticas de su publicación pero ninguna copia física.

La clasificación del corpus revela un perfil distintivo. Cerca del 70% de las producciones son documentales —en su gran mayoría sobre divulgación científica o conservación ambiental—, mientras que el resto corresponde a ficciones.

A diferencia de otros estados, Baja California Sur no cuenta con una institución pública dedicada al cine, ni con una licenciatura en producción audiovisual dentro de su sistema educativo estatal. La propuesta de archivo busca llenar ese vacío.

Según Becerra, su función no sería solo conservar sino también poner en circulación el patrimonio fílmico: difundirlo, investigarlo y hacerlo accesible al público. “Cada año hay nuevas producciones. Este archivo debería crecer con ellas y garantizar que no se pierdan.”

El modelo institucional deseado contempla una sede en La Paz con alcance estatal, una estructura básica de dirección, curaduría, área técnica y servicios educativos.

En una segunda etapa, podría incluir salas de exhibición, un programa editorial y actividades formativas sobre historia del cine regional y preservación audiovisual.

“El corazón de una cineteca es el archivo”, recalcó Becerra. En 2021, el proyecto fue entregado formalmente a Milena Quiroga Romero, entonces candidata a la alcaldía de La Paz, quien lo incluyó como promesa de campaña públicamente, recuerda Lefteris.

También fue presentado al Instituto Sudcaliforniano de Cultura, sin que hasta ahora se haya concretado alguna acción. “Creemos que una política cinematográfica debe construirse desde Baja California Sur” dijo.

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El investigador recordó que en la pandemia falleció el director de la biblioteca de la UABCS, con quien había avanzado un proyecto para integrar el catálogo de filmes al acervo digital universitario. “Fue una pérdida grande porque era alguien que creía en la propuesta”, lamentó.

Por ahora, el archivo existe en potencia, en documentos, catálogos y voluntades. Pero su existencia material aún depende del respaldo institucional y del eco social.

“La invitación es a que la gente conozca estas películas, las comparta, las comente. En la medida en que la sociedad las haga suyas, será más fácil convencer a las autoridades”, concluyó Becerra.

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