A 11 años de su partida, Sudcalifornia recuerda a su primer gobernador
Ángel César Mendoza Arámburo, falleció el 25 de marzo de 2014, dejando un legado que sigue vigente en Baja California Sur
Ángel César Mendoza Arámburo, falleció el 25 de marzo de 2014, dejando un legado que sigue vigente en Baja California Sur

Alan Flores
La Paz, Baja California Sur. - Hoy, a 11 años de su partida, el recuerdo de
Fue el primer gobernador constitucional de Baja California Sur, abogado de formación y servidor público de vocación.
El hombre que tomó protesta en 1975 para encabezar la transición de Territorio Federal a Estado libre y soberano, permanece como una figura fundamental en la historia política y social de Baja California Sur.
Nacido en La Paz en 1934, Ángel César comenzó su vida pública desde joven. Fue representante juvenil del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y participó activamente en foros, concursos de oratoria y programas cívicos.
Fue parte del grupo de Scouts “Huaxoros”, bajo la tutela del profesor César Piñeda Chacón, lo que marcó el inicio de un compromiso duradero con los valores del servicio, la disciplina y la comunidad.
A los 17 años dejó su tierra natal para continuar sus estudios en la Ciudad de México. Ingresó al bachillerato de Ciencias Sociales en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y más tarde se licenció en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
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Desde estudiante, alternó su formación con el trabajo: despachos, juzgados y oficinas públicas fueron escuela paralela.
En el gobierno federal sirvió como secretario auxiliar del presidente Adolfo López Mateos y luego como secretario particular del titular de Recursos Hidráulicos en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.
Ya en los setenta, regresó a su estado como secretario general de Gobierno, diputado federal y luego, candidato a gobernador.
El respaldo popular en las elecciones de 1975 fue contundente. Mendoza Arámburo asumió la gubernatura en un momento fundacional: sin precedentes administrativos, con estructuras frágiles y con la expectativa de crear un aparato estatal desde cero.

En ese contexto, su obra fue vasta y determinante. Impulsó la creación de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), que hoy lo honra con un busto y con el reconocimiento de una comunidad que lo considera su principal fundador.
También dio pie a la apertura del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor), del
Durante su mandato, se construyó el Palacio de Gobierno actual, se fortalecieron las carreteras, se institucionalizaron los tres poderes estatales y se iniciaron programas de impulso al sector primario y la organización urbana.
“Apuntó muy lejos, sabiendo que no daría en el blanco, pero convencido de que así llegaría más lejos”, diría años después su hijo, Carlos Mendoza Davis, también gobernador de 2015 a 2021, al recordar la mirada visionaria de su padre.

Ángel César Mendoza no fue un hombre de imposiciones. Sus amigos lo recuerdan por su humor, su cercanía y su capacidad de reírse de sí mismo.
Su compañero y confidente, Crisóforo Salido Almada, narró en uno de los homenajes cómo incluso en los momentos más duros, como durante el huracán Liza en 1976, encontraba palabras para aliviar la angustia y seguir trabajando por su gente.
“En medio del caos, Ángel César decía: ‘No podemos rendirnos, la gente necesita saber que no están solos’, y eso nos impulsaba a todos a seguir”, recordó Salido con la voz entrecortada.
El historiador Eligio Moisés Coronado, autor de una biografía fundamental sobre su vida, lo retrata como un hombre sencillo, profundamente reflexivo, cuyo carácter conciliador ayudó a mantener la estabilidad política durante un periodo fundacional.
Tras dejar la gubernatura en 1981, Mendoza Arámburo continuó sirviendo al país como subsecretario en la Secretaría de Hacienda y delegado de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), dentro de lo que hoy se conoce como Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex). Se retiró de la política en 1997.

En el plano personal, fue esposo de Luz Davis Garayzar, con quien tuvo tres hijos: Guadalupe, Ángel César y Carlos.
Su familia, presente en todos los homenajes, ha destacado que el mejor legado que les dejó fue su buen nombre y la responsabilidad de honrarlo con rectitud.
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“Nos enseñó que la honestidad no era una opción, sino el único camino posible”, expresó su hija Guadalupe durante una de sus ceremonias de aniversario.

Hoy, once años después de su partida, su busto en la UABCS y su nombre en calles, libros y placas oficiales, son apenas reflejo de un legado que nace con la historia reciente de Baja California Sur y en la memoria de quienes supieron que aquel paceño que describen con un hablar pausado y convicciones firmes, alguien más que un gobernador, un hombre de Estado y un ser humano entrañable.
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