Locallunes, 12 de mayo de 2025
Avistan rayas sin regulación oficial
El profesor Óscar Trujillo, investigador y profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) dice que urge un marco legal
El profesor Óscar Trujillo, investigador y profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) dice que urge un marco legal

La Paz, Baja California Sur.– A pesar de la creciente popularidad del avistamiento de móbulas (rayas) en Baja California Sur como atractivo turístico, no existe una regulación oficial que norme esta práctica, lo que expone a esta especie a un uso no controlado y potencialmente dañino.
Así lo advirtió el profesor Óscar Trujillo, investigador y profesor de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), quien además urgió a establecer un marco legal que garantice la sustentabilidad de la actividad.
“No hay una norma oficial para el avistamiento de móbulas como sí la hay para otras especies como la ballena o el tiburón ballena. En este caso, el aprovechamiento turístico no tiene marco legal, y eso es un problema grave porque cada vez hay más interés y presión sobre estos animales”, sostuvo Trujillo en entrevista para El Sudcaliforniano.
La especie en cuestión es la Mobula munkiana, también conocida como raya diablo pigmea, que cada año visita las aguas del Golfo de California, especialmente en costas sudcalifornianas, para reproducirse entre los meses de mayo y julio.
De comportamiento pelágico y gregario, es decir que son animales de aguas abiertas y viven en grandes grupos o cardúmenes, la raya diablo pigmea forma bancos de decenas a cientos de individuos, los cuales pueden observarse nadando en la superficie o realizando saltos fuera del agua con individuos de entre 80 y 100 centímetros de largo.
Las rayas diablo, aunque generalmente usan hábitats costeros, también pueden bucear a profundidad, alcanzando una profundidad máxima de 126 metros. Habita en aguas costeras someras del Pacífico oriental, desde el norte del Golfo de California hasta Perú, aunque en México se concentra sobre todo entre Loreto y Cabo San Lucas, con presencia adicional en las costas de Sinaloa, Jalisco y Oaxaca, de acuerdo con el expediente técnico de CITES.
“Vienen a las aguas sudcalifornianas a reproducirse entre mayo y julio, principalmente. La zona de mayor concentración es el Golfo de California, sobre todo frente a las costas de La Paz y Los Cabos”, explicó Trujillo.
De acuerdo con estudios científicos respaldados por organizaciones como CODEMAR y Océanos Vivientes A.C., la Mobula munkiana es una especie vivípara de crecimiento lento, que alcanza su madurez sexual entre los 90 y 98 centímetros de ancho de disco y produce una sola cría cada 2 o 3 años. Estas características la colocan entre los elasmobranquios más vulnerables a los efectos de la pesca y otros impactos humanos.
Las móbulas están listadas dentro del Apéndice II de la CITES, lo que significa que su comercio internacional debe ser controlado para evitar un uso incompatible con su supervivencia. También están protegidas bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010, aunque con una clasificación ambigua.
La NOM-059 las contempla, pero no con la misma claridad ni nivel de protección que otras especies. Eso abre una ventana para su explotación sin consecuencias legales claras. La propuesta técnica enfatiza que su tasa de crecimiento poblacional es de las más bajas entre tiburones y rayas, lo cual impide la recuperación de sus poblaciones ante la presión pesquera, incluso cuando se trata de pesca incidental.
Aunque la captura de mantas y rayas diablo se encuentra prohibida desde 2007 en México bajo la NOM-029-PESCA, Trujillo advirtió que, si bien no hay reportes oficiales de pesca directa en la región, en otras zonas del Pacífico, especialmente en Asia, las móbulas han sido víctimas de una explotación desmedida, principalmente por el valor de sus branquias. Estas estructuras son altamente cotizadas en mercados asiáticos, donde su valor puede alcanzar los 500 dólares por kilogramo.
El investigador comentó que la actividad turística de observación se debe desarrollar con lineamientos oficiales, como los que sí existen para ballenas o tiburones ballena. Señaló que aunque muchos operadores náuticos son responsables, también hay quienes persiguen o acorralan a los bancos de móbulas, alterando su comportamiento natural, lo cual puede afectar sus procesos reproductivos.
“Se necesita una norma como la que se tiene para ballenas, con zonas, temporadas, distancias mínimas, límites de embarcaciones, tiempos de observación. No se trata de frenar la actividad, sino de hacerla responsable”, afirmó.
La justificación técnica de CODEMAR también resalta que el valor económico de la especie viva, a través del turismo de naturaleza, supera ampliamente su valor en la pesca ilegal.
Sin embargo, advierte que esta oportunidad puede perderse si no se actúa pronto. Actualmente, en México, la Mobula munkiana ocupa apenas el 5.9% de la Zona Económica Exclusiva, lo que la convierte en una especie con distribución restringida y altamente sensible a alteraciones en su entorno.
Además de la pesca, el cambio climático, la contaminación marina, la disminución del plancton (su alimento principal) y la presencia de microplásticos, representan riesgos reales y crecientes. La especie, al ser filtradora, ingiere estos residuos diariamente, lo que podría afectar su salud y la de otros organismos marinos con los que comparte el hábitat.

“Tienen potencial turístico, educativo, ecológico, simbólico... pero si no hay regulación, puede pasar que dejen de venir, o que ya no se vean tan seguido, como ha pasado con otras especies” como lo fue con el tiburón ballena cuando no estaba regulado, advirtió el investigador.
Existen antecedentes internacionales como en Ecuador que impulsan el cambio de Mobula munkiana y todas las otras especies del grupo Mobulidae del Apéndice II al Apéndice I de la Convención CITES, lo que prohibiría por completo su comercio internacional. Esta medida debería contar con el respaldo de México y otras naciones del Pacífico oriental, dado el alto nivel de amenaza para las poblaciones locales.
El investigador destacó que las móbulas no son animales peligrosos ni agresivos, y por su carácter vistoso y social, se han convertido en un atractivo perfecto para el turismo náutico. Sin embargo, la falta de normativa impide que esta actividad se realice de manera sustentable y segura para ambas partes.

Desde el ámbito académico, Trujillo y otros especialistas han impulsado investigaciones para conocer mejor a esta especie, incluyendo censos poblacionales, monitoreos con drones y análisis de comportamiento. Sin embargo, subrayó que estos esfuerzos deben traducirse en políticas públicas y regulación formal.