Día Nacional del Periodista en México: así se ejercía el oficio antes de las redes sociales
Con bolígrafo en mano, cuaderno de notas, una mini grabadora y cámara, los reporteros salían a dar cobertura a la información, recuerdan periodistas de la vieja guardia
Raymundo León
Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva, dijo que las redes sociales han transformado la manera de relacionarnos, de comunicarnos y entendernos.
“Es evidente que esto ha sido para bien y para mal. El problema es que la permanencia de lo malo o su normalización trae o traerá consecuencias graves”.
Comentó que el tema de las redes sociales tiene muchas aristas importantes, entre ellas, la inmediatez de la comunicación que rompe fronteras y distancias; la superficialidad con la que se abordan los asuntos o temas.
El show que se ofrece como una constante, “mucho show, que distrae, enajena y se hace adicción”; así como la manipulación masiva a base de mentiras y difusión de gran alcance mediante bots y algoritmos.
“Por eso digo que el vertiginoso avance de la tecnología no va a la par del desarrollo espiritual, educativo y comunitario de los seres humanos en lo individual y en lo colectivo. Nos ha rebasado por mucho el avance tecnológico”.
Manuel Enríquez manifestó que el ejercicio periodístico ha ganado en rapidez, pero ha perdido en profundidad, credibilidad y profesionalismo.
“El llamar la atención con cada vez más seguidores, a costa de lo que sea, se ha vuelto la prioridad periodística. Ganar la noticia, escandalosa, aunque sea o carente de profundidad se ha vuelto el pan de cada día”.
Expuso que el mundo vive una increíble intercomunicación inmediata, pero sufre, a la vez, de un individualismo, aislamiento y soledad sin precedentes.
“Un adormilamiento masivo a través de las redes sociales. Los periódicos impresos están al filo de su fin. Y si a esto agregamos la inteligencia artificial.
Entonces se agrava la cosa porque además de atrofiar el pensamiento, la investigación y el razonamiento humano para dejar esto a los algoritmos, resulta ahora que ya no sabemos qué es real y auténtico y qué no lo es”.
No existían más herramientas que una libreta y un lapicero para anotar lo más importante. Más tarde llegaron las mini grabadoras, un importante apoyo.
La cuota diaria era de cuatro a cinco notas como mínimo y en la sala de redacción había que descifrar los garabatos o escuchar la grabación, si es que teníamos grabadora.
“La regla de la entrada de la nota era destacar lo más importante en los primeros cuatro o cinco renglones como máximo y lo demás era desarrollo.
Se tenía que trabajar en máquinas manuales Olivetti y Olimpia, eran las comunes en la mayoría de los medios de comunicación”.
El material se entregaba al jefe de información, él o ella se encargaba de revisar el material y lo entregaba al director del medio, este decidía qué información se destacaba a ocho columnas y el cintillo, entre otras notas, en primera plana.
Al otro día los voceadores se colocaban en las esquinas de las calles principales para vender el diario.
“Esa época fue un poco difícil porque no había celulares para contactar a los entrevistados, se tenían que a hacer las llamadas en teléfonos fijos desde la redacción, después de que nos entregaban la orden de trabajo”.
A principios de los noventas, El Sudcaliforniano dominaba el escenario de los medios impresos en esta entidad, donde comenzaron a tomar fuerza con el tiempo otros diarios como El Peninsular, La Extra y Tribuna de Los Cabos.

























