Delfines, no ballenas: la biología detrás del mito
Una reputación forjada entre errores y espectáculos
La regulación que por fin llegó
“Hace unos años se documentó un caso grave: más de 30 embarcaciones rodearon a un grupo de orcas durante seis horas. Ya no querían interactuar, y aun así las seguían. Eso no es admiración, es acoso”, lamenta Leyva.
El nuevo plan, vigente del 1 de agosto de 2025 al 31 de julio de 2026, delimita con precisión cuándo y cómo puede realizarse el nado:
Entre la fascinación y el sentido común
Aunque el plan legaliza el nado bajo ciertas condiciones, el investigador invita a reflexionar antes de entrar al agua.
Una especie sin calendario
“El año pasado vimos una manada aquí un día y al siguiente ya estaban a cientos de kilómetros. Por eso no se puede garantizar su avistamiento”, explica Leyva.
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El plan piloto para nadar con orcas en La Ventana limita el número de embarcaciones, turistas y tiempo de interacción / Cortesía / David López
La Paz, Baja California Sur.– A partir del 1 de agosto de 2025, México tendrá por primera vez un protocolo oficial que regula el nado y avistamiento con orcas (Orcinus orca), depredadores marinos de asombrosa inteligencia y estructuras sociales complejas.
La bahía de La Ventana, en el municipio de La Paz, será el escenario del plan piloto que establece límites, horarios, distancias y comportamientos permitidos durante el avistamiento y la interacción con esta especie.
Aunque el atractivo turístico del contacto con orcas ha crecido en los últimos años, la falta de regulación derivó en situaciones de acoso, documentadas por instituciones científicas locales.
“Las orcas son el delfín más grande del mundo, no una ballena, aunque por muchos años así se les nombró erróneamente”, explica Jonathan Alejandro Leyva Molina, coordinador del Laboratorio de Historiología del Museo de la Ballena, en entrevista para El Sudcaliforniano.
Clasificadas dentro de la familia de los Delphinidae, las orcas pueden alcanzar hasta 8 metros de largo y superar las cinco toneladas de peso. Sus aletas dorsales, especialmente en los machos, pueden medir casi dos metros de alto. Pero lo que más asombra a los investigadores no es su tamaño, sino su sofisticado comportamiento social.
Las orcas poseen estructuras sociales matriarcales y estrategias de caza altamente desarrolladas, lo que las convierte en uno de los depredadores más inteligentes del océano. / Foto: Cortesía / David López
“Son animales que trabajan en equipo, con una estructura matriarcal donde la hembra más longeva dirige la manada. La caza es estratégica y precisa: algunas orcas especializadas en tiburones, por ejemplo, los voltean para dejarlos en trance y atacar su hígado. Con ballenas, prefieren la lengua por ser carne blanda. No hay improvisación”, detalla Leyva.
El apodo de “ballena asesina” viene de una mala traducción histórica. “Originalmente eran ‘asesinas de ballenas’, no asesinas en general. Pero en el siglo XVII los marineros ingleses adoptaron el término ‘killer whale’ y, al traducirlo mal al español, se perpetuó esa idea de monstruo marino”, señala el biólogo.
Las producciones cinematográficas, agrega, reforzaron el estigma. Sin embargo, en vida libre no hay registros de ataques mortales a humanos. Las orcas, como cualquier depredador, cazan para alimentarse, no por placer. Aun así, el experto matiza: “No dejan de ser animales salvajes. El que no existan ataques no significa que no puedan ocurrir, sobre todo si se sienten estresadas o acosadas.”
Hasta hace poco, los encuentros entre turistas y orcas en La Ventana eran espontáneos y carentes de lineamientos. El resultado: embarcaciones persiguiendo manadas, nadadores invadiendo espacios durante actividades de caza o descanso, y una creciente tensión en las poblaciones residentes.
Solo está permitido durante conductas sociales, es decir, juego o exploración pasiva.
Se restringe durante la caza, descanso o desplazamientos prolongados, para evitar estrés, competencia alimenticia o desvíos en su ruta.
Máximo cinco embarcaciones por evento, con cinco nadadores en el agua y 30 minutos de interacción.
Las embarcaciones deben respetar una formación escalonada a 20, 60 y 100 metros, y velocidades máximas de 3 nudos durante interacción y 5 nudos en otros casos.
Para el Museo de la Ballena, esta regulación no solo protege a las orcas, sino también a los turistas y a la actividad económica que las rodea. “La actividad seguirá, pero con control y ética. Enhorabuena por ellas (las orcas)”, afirma Leyva.
“No se trata de satanizar la actividad, sino de regularla. Pero hay que entender que, aunque no haya antecedentes de ataques, el riesgo existe. Yo no nadaría con una orca, y no sé si un seguro de vida cubra una mordida”, comenta.
Una recomendación central es evitar ingresar al agua si las orcas están cazando, incluso si sus presas son pequeñas. “Muchas veces vemos videos donde las persiguen mientras comen tortugas, y dicen está jugando, pero en realidad la están ahogando. Son estrategias de caza, y ahí no deberíamos estar”, explica.
La responsabilidad, añade, no debe recaer sólo en los guías. “Como turistas también debemos leer el plan, conocer las reglas, exigir su cumplimiento. Si vamos a ser uno de los pocos países donde esto está permitido, que lo hagamos bien. Que demos el ejemplo.”
A diferencia de la ballena gris o la jorobada para la actividad de avistamiento, las orcas no tienen rutas migratorias fijas. Deciden su llegada según la disponibilidad de alimento y otras variables ecológicas. Algunas pasan un día, otras una semana. Y en pocas horas, pueden desplazarse de La Ventana a costas de Manzanillo.
Viven entre 40 y 60 años, las hembras son las líderes, y expulsan a los machos al llegar a la madurez sexual para evitar cruces entre parientes. Tienen una gestación estimada de 15 a 17 meses, y lactancia prolongada.
Su estructura social es tan compleja que, en cautiverio, muchas orcas no logran reintegrarse a otras manadas. “No es como meter a cualquiera a tu grupo de amigos. Son selectivas. Y si no tienen esa educación social, tampoco saben cazar, ni sobrevivir”, dice.
La implementación de este plan no será suficiente sin vigilancia, capacitación a prestadores y conciencia social. Para Jonathan Leyva y su equipo, la clave está en no confundir admiración con intrusión:
“Las orcas no ganan nada con que nademos con ellas. Los únicos beneficiados somos nosotros. Por eso, si vamos a hacerlo, que sea con respeto, con humildad, y con el compromiso de no ser el primer país en fallarles.”
Con el protocolo ya en marcha, Baja California Sur se convierte en pionero a nivel nacional. El reto será demostrar que es posible acercarse al mayor depredador del océano sin convertirlo en espectáculo, sino en símbolo de una convivencia más justa con la vida marina.