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Locallunes, 11 de agosto de 2025

Relleno sanitario de La Paz opera al 99% de capacidad y con vida útil limitada

El relleno sanitario es el punto de trabajo de un sector que afirma haber sido olvidado hoy día: los pepenadores

Alan Flores

Sistema colapsado

Vulnerabilidad laboral

La población desocupada sumó 13.1 mil personas, lo que representa una tasa de desocupación de 2.8% de la Población Económicamente Activa, más que 2024.

Sobreviven reciclando lo que hay en la basura

El joven padre de familia forma parte de uno de los dos grupos que operan en el relleno: el grupo A y el grupo B. Cada uno reúne entre 50 y 80 personas que trabajan en turnos distintos.

Trabajo informal y vulnerabilidad laboral

“Hay gente que tiene 15 o 20 años trabajando ahí. Ya se hicieron viejitos entre la basura. Viven en el olvido”, lamenta Baldemar Sicairos, presidente de la asociación Cani Cani.

Desde hace más de una década ha promovido apoyo para que las personas pepenadoras tengan acceso a vacunas, agua potable y letrinas, sin éxito.

¿Qué dice el reglamento?

El procedimiento es sencillo y tiene un plazo de resolución de cuatro días hábiles. Para iniciar el trámite, se deben presentar:

El permiso tiene un costo mensual de 185 pesos con 85 centavos, calculado con base en la Unidad de Medida y Actualización (UMA), más un impuesto adicional y el formato oficial.

La gestión del permiso se realiza en la Dirección General de Sustentabilidad y Manejo de Residuos, ubicada en Carretera al Sur kilómetro 5.5, colonia El Mezquitito.

El procedimiento tiene un plazo de cuatro días hábiles y requiere presentar pago en cajas recaudadoras del municipio o en puntos Bancomer.

El fundamento legal se encuentra en la Ley de Hacienda para el Municipio de La Paz, artículos 70, 111 (fracción II, inciso C) y 159.

Soluciones urgentes y corresponsabilidad

Aunque no figuran en la estadística oficial, las personas pepenadoras realizan una labor ambiental indispensable.

Sin embargo, también son señaladas cuando hay incendios. “A veces prenden fuego para fumar o porque no hay cuidado, pero el problema es estructural. No hay cobertura ni enterramiento diario, lo que genera acumulación de gases”.

También promueven una cultura de separación en origen desde los hogares. “Si desde casa separamos, los pepenadores podrían trabajar con menos riesgo”, insiste Gutiérrez.

Sicairos propone que se garantice a estas personas servicios básicos y precios justos por el material que recogen.

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La deuda social

Los pepenadores de La Paz no piden limosna ni programas asistenciales. Piden reconocimiento, condiciones dignas y que se les vea como lo que son: trabajadores ambientales esenciales.

“No estudié, pero aquí andamos echándole ganas”, dice Tomás antes de volver al relleno, con su costal al hombro.

Mientras el tiradero avanza hacia su saturación y los incendios continúan, su historia sigue siendo invisible para gran parte de la sociedad.

Pero entre la basura, Tomás y sus compañeros rescatan no solo residuos: también la posibilidad de un futuro más limpio, justo y humano.

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