Cuauhtémoc López Guzmán / La herencia
La competencia por ser el elegido se sustentaba en la lealtad al presidente, al partido (PRI), pero sobre todo contar con capacidad de equilibrar las disputas internas por el poder y asegurar la estabilidad y unidad política de la clase gobernante.
La herencia era entregar el poder al elegido (su premio), pero para que todos los otros grupos internos del PRI siguieran ganando (riqueza y poder) a cambio de disciplina y lealtad al nuevo gobernante
Esta dinámica sucesoria se repitió con Andrés Manuel López Obrador, pero con una simulación democrática donde 4 candidatos fuera del calendario electoral empezaron sus campañas; lo que para mí fue un síntoma de la férrea lucha por la sucesión presidencial.
Todos o casi todos sabíamos que la favorita era la actual presidenta y López Obrador descaradamente cargó los dados a su favor, eso sí, con un control absoluto para evitar fracturas y un rompimiento como el que sucedió en el PRI en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas.
Esperemos que la actual presidenta no sea un títere de López Obrador, una vez que el poder y todas las lealtades construidas hacia ella las tejió Andrés Manuel.
Si hacemos una analogía, es como si un padre le deja una gran herencia a su hija, pero en el testamento le pone condiciones, límites y requisitos para usar y disfrutar su herencia. ¿Podrá Sheinbaum gobernar con independencia?

















