De la estatua a Lázaro Cárdenas se criticó a finales de los años setenta que las personas sentadas a su lado eran el vivo retrato de los hijos del entonces gobernador Roberto de la Madrid.
Al monumento a Cristóbal Colón, ubicado donde hoy está “La Pagoda China”, jóvenes iconoclastas, destructores de imágenes de culto, en un impulso de borrachera le trozaron la cabeza.

En Mexicali tenemos toda clase de monumentos, desde un obelisco para las personas notables, el de los pioneros, al padre Salvatierra, a los trabajadores de la educación, los bustos en el Paseo de los Héroes, el caballito de Vicente Guerrero o el cardón de Francisco Arias, dedicado a “La ciudad cuyo cielo capturó al sol”. Pero ninguno de ellos ha sacudido tanto a la opinión pública como el del Cocinero Chino, a pesar de estar aún en construcción.
En el mundo hay estatuas que lastiman a las personas en su dignidad porque rinden homenaje a regímenes opresores o a sus dirigentes. El “monument toolkit” de WorldHeritageUSA.org, es un espacio dedicado a analizar los monumentos y sus repercusiones en las comunidades. Por su parte, Maltz Museum -con su lema “Respeto para toda la humanidad”- también aborda el asunto.
Aquí en la ciudad la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC organizó un conversatorio. El valor recayó en darle voz a los inconformes (“Resumen ejecutivo. Foro de reflexión y discusión, cultura mexicalense, patrimonio y espacio público. Monumento al cocinero chino”, versión PDF). A pesar de todos los reproches, hay razones para creer que el cocinero monumental trascenderá el mal momento para convertirse en motivo de orgullo local.
La principal de ellas es que fuera de historiadores, expertos, así como algunos integrantes de la comunidad china, molestos por la simplificación de su cultura milenaria, el enojo social no parece ser tanto por la obra, sino por el mal desempeño de los gobiernos de Morena, que parecen dar prioridad equivocada a los asuntos públicos.
El clamor puede resumirse en: Primero controlen la inseguridad, arreglen las calles, aprendan a gobernar. Pero los malos gobiernos se van para ser olvidados, por más que una placa se aferre a recordarnos los nombres de los políticos. La otra, es que un mal gobierno puede hacer unas cuantas cosas buenas… y seguir siendo malo.
El cocinero es una buena idea. Los cachanillas nos sentimos orgullosos de la comida china, es nuestro símbolo de identidad, así nos reconoce el mundo.
El gigantesco tótem será un referente que sobrevivirá, aun cuando en el futuro La Chinesca se gentrifique o quede en ruinas, abandonada, sin chinos.
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