Negrita, la pequeña que llegó para sanar un hogar
Hace cuatro años, una perrita menudita y descuidada encontró más que un techo: halló una familia
Carlos Mejía
“Se llama Negrita”, dice Marco Antonio, y al pronunciarlo sonríe como quien habla de una hija. “Llegó hace cuatro años. Es una perrita adoptada”.
En casa, el silencio todavía dolía; hacía poco tiempo habían perdido a uno de sus perros. En aquel entonces tenían dos, un french poodle y una schnauzer; Negrita sería la tercera. Lo que no sabían era que la pequeña traía consigo otra historia.
La consentida
Nani, en cambio, es más tosca, un poco más grande, con carácter fuerte, mucha energía y alegre. Pero juntas se equilibran. Se acompañan. Se buscan.
Adoptar es asumir
“Nos gusta la adopción de perros”, afirma con convicción. No importa si son de raza o no. No importa el tamaño. “Al final, la misma alegría te dan uno y otro”.
“Son como bebés”, resume Marco. “Se vuelven alguien muy importante”.
Contra el abandono
Huellas que sanan
Hoy es la consentida. La más chiquita. La que le teme a la lluvia y busca refugio bajo las cobijas. La perrita adoptada que transformó una obra en construcción en el inicio de una historia distinta.































