Sólo para villamelones
Sólo para villamelones
El viernes pasado por la noche, ante un lleno espectacular en la bella plaza de toros de Juriquilla, Morante y Joselito Adame cubrieron, juntos, un segundo tercio; esa misma noche, el hidrocálido trepó al caballo y picó a uno de sus bureles, cosa, por cierto, que ya había realizado alguna vez, en España, el de la Puebla del Río.
Manuel Naredo
Ambas acciones llamaron poderosamente la atención y motivaron múltiples comentarios, pero la pregunta es sin abonan a la Fiesta en estos tiempos que corren. ¿Realmente lo hacen?
¿Salir de lo habitual, representar otros roles, apostar por la espectacularidad, la puesta en escena y lo diferente, colabora a que el espectáculo taurino cause mayor emoción, o provoque mayor atención de los públicos cada vez más alejados de las plazas?
Tal vez pienso, desde una perspectiva acaso anquilosada y retrógrada, lejana a los buenos oficios de la mercadotecnia moderna, que la Fiesta sería más atractiva si volviera, justamente, a sus orígenes, a su sabor primario y profundo, al sabor añejo de la verdad.
Sí, creo que eso ayuda mucho más a nuestra alicaída Fiesta, pero quizá ésta sea sólo una débil creencia personal, y lo que realmente convenza a los distraídos espectadores taurinos de hoy es que Adame se trepe al caballo para picar, o que su hermano Luis David lo levante a hombros para sacarlo de la plaza en plan triunfador.
Agradezcamos, sin embargo, que se hayan presentado cosas distintas en Juriquilla; cosas que den de que hablar. Aunque, como digo, la duda de que sirvan de verdad a la Fiesta queda presente en mi ánimo.


















