Han sido diez años en los que este proyecto ha crecido y ha dado aquellos a considerar un estilo de vida diferente al que podrían aspirar dentro del lugar en el que crecen.
El origen de los “Cuenteros de
Carrillo”
El puente del pensamiento y la
intervención cultural
Nacido en Santander, dejó un legado artístico entre España, México y Estados Unidos a través de su pintura que capturaba lo esencial más allá de la apariencia
La filosofía del kintsugi está influenciado principalmente por el budismo zen, cuyo pensamiento se centra en la apreciación de la belleza en las imperfecciones
Celebraron el décimo aniversario con la publicación de un libro que fue vendido a 15 pesos a los estudiantes.
Cerca de 560 niños asisten a la primaria “Alfredo V. Bonfil” ubicada en la colonia Carrillo Puerto. Minutos antes de empezar el horario escolar y abatidos por el calor, llegan con dos o cinco pesos en mano para comprarle a una vendedora ambulante jugos congelados con chamoy o salchichas con cátsup y así saciar su antojo o hambre; sonrientes y llenos de humildad entran a la escuela y juegan con sus amigos, algunos con el pants, mientras otros usan el uniforme formal con tenis de soccer para “echar una cascarita”. Todos llenan de alegría las paredes de la escuela con risas y gritos; pese a la nueva oleada de tecnología, ellos aún preservan muchos de los juegos tradicionales de la infancia de hace algunos años atrás como “el avión” o “las traes”.
Fue dentro de este ambiente, que el 23 de abril del 2007, como cada año se celebrara el Día Internacional del Libro, pero ahora de la mano de un proyecto distinto que tenía la intención no sólo de ser una herramienta epistémica que acercara a los niños al español y algunas otras materias, sino con la idea de desarrollar un sentido literario dentro de ellos.
“Cuenteros de Carrillo”, nombre que lleva el proyecto ha brindado la oportunidad de acercar a niños de entre 6 y 12 años a encontrar una forma de expresar sus pensamientos para así compartir con otros la forma en la que ve el mundo, aunque también un reflejo y antecedente cultural de lo que ocurre dentro de esta colonia y los barrios que la conforma; tanto historias y tradiciones familiares que conmueven, fiestas patronales de la colonia, como aquellas que plasman los conflictos a los que diario se enfrentan dentro de Carillo, una de las colonias con uno de los mayores índices delictivos y de violencia.
Los estudiantes de todos los grados participan dentro de este concurso anual.\n
Hace diez años, cuerpo docente de la escuela dirigida por Álvaro Montoya Álzaga, buscaba hace diez años una forma de tener un impacto comunitario derivado de las diferentes actividades de alfabetización que realizaban dentro de las aulas; actividades gramaticales y de ortografía surgían dentro de las propuestas, hasta que un par de maestros propusieron un trabajo con un mayor énfasis a la comunicación, una idea que al tomar forma se convirtió en los “Cuenteros de Carrillo”.
Un proyecto, que de acuerdo al director de la institución buscaban que no sólo rescatara la idea de desarrollar un sentido literario o un sentido lingüístico, sino que fuera más allá, que fuera una herramienta epistémica que acercar al niño al español y las demás materias, una especie de puente. Con una convocatoria general, niños de los diferentes grados escolares participaban en el, convertían de manera previa su aula en una especie de taller en el que de la mano con los profesores trabajan sus textos, no con la idea de realizar un cuento de escuela de escritores, sino de convertir la lectura y la escritura en un puente para pensar, reflexionar y hacer que el alumno aprenda a construir su realidad.
A lo largo de estos diez años y con las diferentes modificaciones que la reforma educativa ha tenido, han logrado a partir de las estrategias de mejora que el concurso se acomode a las nuevas circunstancias, al ser éste también una herramienta para enseñar, según describe su director.
Para algunos de los niños que han participado de manera consecutiva durante seis años, escribir se ha convertido en una pasión, tal y como lo es en el caso de Jaqueline Balderas de tan sólo 11 años para quien el escribir se ha convertido en una tarea gustosa de diario, palabras que según describe, le causa placer plasmarlas y le permite navegar en su imaginación a tal grado que cada cumpleaños dentro de su familia, decide escribir algo ya sea un poema, una carta, busca decir lo que siente o Mauricio Velázquez quien ha segura que ha comenzado a escribir cada vez más a partir de la primea vez que participó dentro de este concurso hace seis años.
La tradiciones familiares, la forma en la que celebrar las fiestas patronales como la de San Miguel Arcángel o la Virgen de Guadalupe; problemas dentro de la familia, anécdotas callejeras, el ambiente carrillense, o historias simples inspiradas en el día diario han formado los cuentos de cada año y es lo que le han dado una identidad al concurso.
Algunos niños que han participado a lo largo de seis años aseveran que han desarrollado un gusto por la lectura y la escritura.\n
La idealización de la escritura como una herramienta para ayudar al proceso educativo y la oportunidad de dar a los niños de expresar a través de las palabras lo que piensa y compartir con los otros su visión del mundo son los puntos pedagógicos que cobijan el proyecto de los cuenteros. Una idea con la que Ximena Alejandra de seis años de edad concuerda en su primera participación en el concurso, “para mi es importante que los niños lean lo que yo sé, pero también es importante que todos los niños aprendan a leer y escribir para que también se expresen”, dijo.
Una intervención cultura, que se convierte en una herramienta va más allá de escribir, “es un invitación a pensar” afirma Montoya. “A través de diez años hemos visto como algunos alumnos toman sus propias decisiones, buscan procesos diferentes que se ajusten a caminos que vayan por el rumbo del éxito y convivir sanamente; a darse cuenta que la violencia solo engendra violencia” dijo con la prueba de que un importante número de estudiantes han decidido continuar con sus estudios, pero también con la certeza que dentro de la misma institución los índices de violencia y farmacodependencia entre los niños ha disminuido, incluso su forma de expresarse se ha modificado. Pero un trabajo que no sólo realizan con el cuerpo estudiantil, sino con una trascendencia social mayor al involucrar a los padres tanto con lecturas como con la invitación de ayudar a sus hijos en cada uno de sus escritos.
“Cuando hablamos de ser cuentero hablamos de ser niños que pensamos, que estamos enterados de lo que sucede en nuestro entorno y que prometemos ser innovadores”, es lo que se cuentero significa para la comunidad estudiantil que en esta ocasión celebró su décimo aniversario con la publicación de un libro de los textos ganadores de este año y con la esperanza de continuar con este proyecto.