Desde las entrañas del circo
A lo largo de nueve años, la fotógrafa Gabriela Olmedo ha reunido un importante acervo visual que da cuenta de la transformación de los circos, a partir de la prohibición del uso de los animales, así como de la vida de los profesionales que viven de esta tradición en el país
Donna Oliveros
Inspirada en el trabajo de fotógrafas como Mary Ellen Mark, quien por mucho tiempo fue su profesora en esta disciplina, Olmedo decidió apuntar su lente a cada espacio, rincón y lugar donde pudiera encontrar a su padre, para despedirse.
Entonces regresó a las carpas, justamente cuando en México se comenzaba a discutir sobre una reforma a la Ley General de Vida Silvestre con la que, en 2015, quedaría prohibido el uso de animales en los espectáculos circenses.
“Los cirqueros no sabían si yo era reportera, si estaba con el Partido Verde o era activista, así que de manera tajante, me decían: no, no puedes entrar, no puedes ver, no puedes hacer nada”.
De Circo y Maroma
- Gabriela Olmedo estudió en la Activa de Fotografía y en la International Center of Photography.
- Desde hace nueve años, cada que llega a una nueva ciudad visita el circo más cercano, como en Querétaro; donde recientemente documentó El Sorprendente Espectáculo Chino de Chang Zhi.
- Su exposición en el Museo Regional de Querétaro permanecerá hasta agosto.
El circo como un reflejo de la sociedad
Gabriela inició con su trabajo documental hace nueve años en el Circo Atayde Hermanos, “cuando todavía usaban caballos, llamas, elefantes, leones y tigres en sus shows”.
Sin esperarlo, relata que vivió la transformación de los grandes espectáculos, y la decadencia de muchos circos; pues al entrar en vigor la nueva reglamentación sobre la prohibición del uso de animales, mucha gente dejó de concurrir sus carpas.
“Circos como Hermanos Vázquez se fueron a Estados Unidos, donde regalaron a todos sus animales porque no sabían qué hacer con ellos, y los más chiquitos la vivieron peor… lamentablemente muchos cerraron”.
Y aunque la concurrencia ya no es la misma que antes, Olmedo asevera que los circos son organismos vivos que se adaptan a los cambios y a las nuevas generaciones de espectadores.
Reír llorando
Años más tarde, Olmedo lo haría a través de la lente, reuniendo un importante acervo visual que da cuenta de la transformación de los circos.
La autora también habla de las diferencias sociales entre los cirqueros y los desencuentros, así como del amor y las familias que han sido unidas por la carpa.



































