Un punto definitivo en su carrera fue los años que pasó en Montreal, Canadá entre 2007 y 2010, etapa clave para que Fauste pudiera sumergirse por completo dentro de la escena del performance.
ARTE, MICROPOLÍTICA Y ACTIVISMO
“Modifiquemos nuestros espacios más próximos; quizá eso permita modificar cosas mucho más grandes”, sostiene.
Esa perspectiva también atravesó su trabajo con Aquesex (Asociación Queretana de Educación para las Sexualidades Humanas), una de las organizaciones más importantes en la ciudad en temas pedagógicos y de prevención del VIH.
Uno de los momentos más visibles y mediáticos de su trayectoria reciente fue cuando señaló a María Rosa Zorrilla, exdirectora del Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ), por discriminación y homofobia.
El suceso tuvo lugar en el 2022. Y derivó de la cancelación a último momento la presentación de su performance que formaría parte de su exposición (DES)Identificación: teorías y prácticas de género desde una identidad.
Con el objetivo de aclarar dudas y desmentir afirmaciones de este movimiento tectónico, el investigador Ramón Zúñiga brindará una charla “con café” para hablar de manera cercana con la población
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Su historia con el performance está marcada por la lucha, la denuncia y resistencia / Foto: Cortesía / Fauste Gracia
Antes de hablar, Fauste Gracia ya está diciendo algo. Su presencia tiene el peso de una acción performática, como si el cuerpo fuera un territorio donde el discurso nunca se detiene del todo. Lo que comenzó alguna vez frente a un caballete terminó desbordándose hacia la vida misma: hacia la calle, la protesta, el museo y lamemoria colectiva.
Nos encontramos en las escaleras que conducen a la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma de Querétaro. Nos sentamos en una de las bancas cercanas a la escultura de La Esfinge. El entorno universitario transcurre con su ritmo habitual, pero Fauste impone otra atmósfera.
De negro absoluto, de pies a cabeza, su presencia es sobria y firme. Su gesto, serio, no intimida: convoca respeto. No podría ser de otra manera. Es una de las voces más influyentes de la escena cultural queretana, alguien que ha hecho de su arte y de su “cuerpa” —como la nombra en la entrevista— un espacio de resistencia y denuncia frente a las violaciones de derechos que atraviesan las disidencias sexuales, tanto en México como en Querétaro.
Su historia con el performance está marcada por la lucha y resistencia, y todo comenzó a inicios de los 2000. “Recuerdo que mi primer performance fue en el 2005. Fue una acción colectiva que tuvo lugar en el Jardín Guerrero y fue en respuesta al asesinato de Octavio Acuña, un activista muy importante por las diversidades sexuales en Querétaro, y a modo de respuesta hicimos un performance que hablaba sobre los crímenes de odio”, compartió en entrevista con Diario de Querétaro.
Desde entonces, su trabajo ha estado marcado por la urgencia de hablar del contexto, de aquello que “nos atraviesa el cuerpo”. Y al ser un artista no binario que radica en un estado conservador, su obra se ha enfocado en representar las violencias que viven las disidencias sexuales y personas trans.
“No hay una separación entre mi experiencia personal, mis tránsitos como persona dentro de la comunidad trans, y mi práctica artística”, explica. El performance —históricamente indisciplinado y contestatario— se convierte así en una herramienta que dialoga de forma orgánica con su identidad queer, mencionó.
Le interesa el arte como pedagogía: una herramienta para generar vínculos, redes y comunidad / Foto: Cortesía / Fauste Gracia
En su llegada al performance encontró su inspiración en Elvira Santamaría –artista visual, curadora y performancera mexicana, cuya práctica artística se centra en la búsqueda para entender la vida, las dinámicas de las relaciones humanas y el poder– y Mónica Mayer –artista mexicana feminista que ha dedicado su trayectoria a luchar contra la violencia machista y visibilizando situaciones de acoso sexual–.
“Me encontré con festivales enormes de arte contemporáneo, de danza, de performance”, recuerda. Fue la primera vez que residió fuera de México y que se enfrentó a otras formas de producción y circulación artística. Esa escena, profundamente atravesada por la cultura, amplió no solo su concepción formal del arte, sino su comprensión del impacto social y político que puede tener.
Aunque en Querétaro ya había realizado una acción colectiva en 2005, en Canadá consolidó su práctica dentro del circuito artístico. Allí presentó su primera acción individual en el ámbito del arte (2007-2008) y realizó también su primera exposición fuera de México, en una galería de Quebec. “Fue un punto decisivo en mi carrera”, afirma. El contacto con una tradición performática sólida y con artistas de distintas latitudes le permitió dimensionar el alcance de esta disciplina.
Un concepto importante que atraviesa su carrera artística y académica –siendo doctorante en Ciencias Sociales– es la micropolítica, el estudio y ejercicio del poder, la influencia y los conflictos en el nivel cotidiano e informal dentro de las organizaciones o grupos pequeños.
En este sentido, busca reivindicar el término como un campo de acción concreta: la posibilidad de transformar los espacios inmediatos —los territorios que se habitan, las relaciones cotidianas— para incidir en estructuras mayores.
Durante varios años colaboró en campañas vinculadas al Fondo Mundial para la detección y prevención. Para Fauste, esta labor no fue paralela a su práctica artística, sino parte de la misma urgencia: visibilizar la falta de derechos humanos que atraviesa a las disidenciaVIOLENCIA INSTITUCIONAL Y ACCIÓN COLECTIVA
En su momento, informó que dos días antes del evento se le notificó que tendría que cambiar el horario de la presentación debido a que el recinto cerraba sus puertas una hora antes de la hora en que había sido programada su presentación. Después, debido a actitudes “pasivo-agresivas”, la artista no binaria optó por cancelar el evento.
“Me parece que la situación en el Museo de Arte Contemporáneo con la directora María Rosa Zorrilla es solamente un síntoma de lo que sucede en la Secretaría de Cultura Estatal con Marcela Herbert; lo sabemos, lo hemos escuchado, se han hecho denuncias, no es el primer caso, ha habido muchísimos casos de censura, maltrato y discriminación, entonces creo que no podemos seguir permitiendo que este tipo de situaciones se den, no podemos seguir permitiendo que crean que pueden hacer lo que se les da la gana sin que haya ningún tipo de repercusión o responsabilidad por sus acciones”, declaró hace cuatro años para este mismo medio impreso.
A unos años de distancia, Fauste reflexiona sobre cómo esta situación impactó en su carrera y vida personal:“Yo creo que para mí ha sido importante todo este proceso para reflexionar y entender. Lo dijimos un montón de veces, y lo he mencionado en varias ocasiones, pero solemos terminamos en posiciones que no queremos estar. Para nada en nuestros contextos es deseable tener que asumir la posición de la denuncia social o del movimiento social, porque eso tiene consecuencias importantes para las personas que deciden hacerlos. En los contextos latinoamericanos, ser defensor, defensora en derechos humanos te pone una mira en la espalda y te puede costar la vida”.
Fauste describe que el haber hecho el señalamiento y proceder ante la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro en contra de la Secretaría de Cultura del Estado–entonces presidida por Marcela Herbert Pesquera–ha significado un proceso desgastante, pero del que no se arrepiente porque ha marcado un antes y después en la escena cultural de Querétaro.
“Hoy la comunidad artística reconoce que tenemos fuerza y capacidad para hablar sobre estos temas y cambiarlos”, afirmó. Su pronunciamiento marcó el comienzo de un movimiento en la escena cultural local, al grado que derivó en la destitución de Herbert Pesquera.
Busca confrontar al público con una realidad urgente: la violencia sistemática que enfrentan las personas trans y las disidencias sexuales / Foto: Cortesía / Camilla Torres/ Fauste Gracia
Previo a ese momento, Gracia y otros integrantes de la comunidad artística encabezaron una serie de acciones colectivas realizadas en protesta por la gestión de Marcela Herbert Pesquera al frente de la Secretaría de Cultura estatal. Más que señalar a una sola persona, Gracia insiste en que se trataba de prácticas sistemáticas y estructurales.
Entre las acciones destacó una marcha fúnebre en Plaza de Armas, donde artistas cargaron un féretro y montaron una guardia simbólica para representar “la muerte de la cultura”. Otra intervención se realizó durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro y Medios Audiovisuales de Querétaro (FILMAQ), que fue el último evento protocolario encabezado por la exsecretaria.
“Me parece que es importante destacar que la Secult recientemente presentó un protocolo en contra de la discriminación, pero como tal no es una iniciativa que la institución vio necesaria, sino que responde a una recomendación realizada por la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro”, mencionó.
A su vez, señaló que la destitución de la exfuncionaria no fue el “fin” de los problemas al interior de la Secretaría, sino que se trata de un tema que deriva de un “modus operandi muy específico y que va dirigida hacia poblaciones muy específicas”, lo que lo convierte en una problemática sistemática que debe seguir siendo atendida por la comunidad.
En un estado que describe como “altamente conservador”, donde debates como la interrupción legal del embarazo o una ley integral trans siguen enfrentando resistencias, Fauste Gracia insiste en que el arte no puede cerrar sus ojos.
Recientemente se presentó en el Museo de la Ciudad en el marco del 29 aniversario con una propuesta artística llamada Metáforas de sobrevivencia III, performance de larga duración –24 horas para ser exacta–, en donde busca confrontar al público con una realidad urgente: la violencia sistemática que enfrentan las personas trans y las disidencias sexuales.
Hoy define su proceso como híbrido y “anfibio”, capaz de transitar entre la academia, el activismo y el museo. Más que el arte como fin en sí mismo, le interesa el arte como pedagogía: una herramienta para generar vínculos, redes y comunidad. Su apuesta no está en la consagración institucional, sino en sostener procesos colectivos, abrir discusiones incómodas y acompañar, desde el cuerpo y la acción, otras formas de estar y resistir.