Culturamiércoles, 22 de febrero de 2023
God. John Lennon
Vitral
Alfonso Francos Tiscareño / Colaborador Diario de Querétaro
Vitral
Alfonso Francos Tiscareño / Colaborador Diario de Querétaro

¿Quién puede hablar de Dios? ¿quién lo conoce? Dios por definición es indefinible, inexpresable, es de esos conceptos de los que, parafraseando a Ludwig Wittgenstein, es mejor no hablar si no se sabe, pero a la vez, qué paradoja, parece que el ser humano tuviera una ansia permanente de espiritualidad que lo conduce siempre de vuelta a Dios, la idea está presente en todas las culturas del planeta. Quizá el ser humano no puede vivir sin una noción de Dios. Los ateos dirían que sí se puede, los creyentes que no. Finalmente, esta cuestión es una cultural y estrictamente personal. Las religiones ofrecen sus diferentes ideas que van desde un Dios tiránico a uno absolutamente bondadoso, desde la conciencia total hasta el fanatismo peligroso, desde la imposición por la fuerza hasta la búsqueda por convicción. Dios es poder y gloria, redención, sabiduría, salvación.
John Lennon se acerca a este tema en su primer álbum como solista, después de la separación de los Beatles, que fuera lanzado el 11 de diciembre de 1970, en un disco titulado John Lennon/ Plástico Ono Band. La canción titulada God (Dios), forma parte de este trabajo que generó muchas polémicas por tratarse de un tema que une y divide. La pieza dice literalmente que Dios “es un concepto por el cual medimos nuestro dolor”, una definición un tanto limitada, pero que tiene una cara real porque cuando estamos más desesperados, cuando tenemos una urgencia, preocupación, dolor, enfermedad, es entonces que nos acercamos a Dios, lo que pudiera interpretarse como la mera utilización a conveniencia del Señor. De cualquier manera, Lennon expresó por medio de esta canción una serie de rupturas sobre las que vale la pena recapacitar. Ídolos populares, dioses, ideologías, sistemas sociales pasan a revisión en 4 minutos. Una serie de temas complejos son cuestionados a veces tajantemente, y otras incomprensible o sorprendentemente.
La melodía, de una belleza extraña, va desgranando toda la filigrana conceptual de John Lennon respecto al tema de Dios. Con el ex beatle en la voz y el piano, acompañado de grandes músicos como Billy Preston al piano, Ringo Starr en la batería, y Klaus Voormann en el bajo, la pieza comienza fijando una idea de que para los humanos Dios es un Dios por conveniencia. Lennon lo vuelve a repetir subrayándolo: Dios “es un concepto mediante el cual medimos nuestro dolor”. Luego va planteando una serie de temas y es ahí donde comienza nuestro desacuerdo porque sus planteamientos pueden caer en la ignorancia, en nuevos fanatismos autoritarios o en personalismos exagerados.
Por ejemplo, dice que no cree en el I Ching, ya desde aquí la canción, aunque muy bonita, no se pueden cantar con tranquilidad y convicción, dado que el I Ching es un referente fundamental de la cultura China que no se puede desechar de manera tan barata, tan elemental. Y luego sigue con la Biblia, este libro considerado sagrado por muchos pueblos, podrá tener muchas contradicciones, pero es una de las grandes joyas de la cultura humana. Las historias que contiene, los valores, la sabiduría probada, la utilidad para la vida práctica, para la construcción de un mundo diferente, más sano, más solidario, amoroso, no puede ignorarse con una simple frase como: no creo en la Biblia. Y el tarot, qué me dices del tarot, de toda la riqueza que guarda a nivel simbólico, arquetípico, donde hasta grandes investigadores y psicólogos –como por ejemplo Carl Jung–, lo han utilizado para armar algunas de sus teorías psicológicas.
Respecto a Hitler ni hablar, totalmente de acuerdo. Quién puede creer en un fanático criminal, pero, por ejemplo, decir que no cree en Jesús, y no en el sentido religioso, de golpes de pecho, fanatismo o divinidad, déjalo simplemente en la validación de su mensaje de paz, de amor, benevolencia, solidaridad y compasión, cómo no creer en un mensaje así tan urgente para la humanidad antes y ahora.
Para evaluar casos como el de John F. Kennedy habría que estar mucho más informado. Es un tema tan contradictorio, secreto, que en cierta forma es lógico guardar una distancia respecto al tema. Pero, por ejemplo, en el caso de Buda volvemos a lo mismo, cómo no creer en Buda con todos sus grandes aportes innegables y demostrables que han beneficiado la vida de millones de personas en el mundo durante siglos. Importantes son sus aportes para comprender el sufrimiento, su origen, solución y la ruta para la acción y la transformación señalado por el Noble Camino óctuple.
Lennon tampoco cree en el poder de los mantras, aún cuando psicólogos como Émile Coué han demostrado el poder que tienen las palabras. Mi querido y admirado Lennon, no se puede renegar de todo así nada más como así, en todo caso, no son temas para desarrollar en una sola canción, John tendría que demostrar qué es lo que se les cuestiona y por qué no se cree en ellos. Cada quien puede creer en lo que quiera, pero de ahí a tener razón, hay un largo camino. Tampoco cree en el Guita (Bhagavad-gītā) que es, digamos, el equivalente a la Biblia para la cultura hindú. Es un libro que ha guiado la conducta, la psicología y la espiritualidad de millones de personas durante generaciones. Y lo mismo se podría decir del yoga.
En donde sí podemos estar de acuerdo es en el caso de los reyes, ya que ha habido reyes de todo tipo, quizá algunos rescatables y admirables como el caso del Rey Aśoka, por ejemplo, pero también han existido infinidad de otros reyezuelos tiranos, absolutistas, autoritarios y represores en los que definitivamente no se puede creer.
Algunos otros nombres serían discutibles como Elvis Presley, Zimmerman (Bob Dylan), los mismos Beatles. Lennon termina planteando que sólo cree en él, en él y en Yoko. Es válido en cierto sentido, porque no somos más que nosotros mismos, pero a la vez no somos sólo nosotros, existimos con otros y la otredad nos enriquece. Para finalizar, viene la célebre frase “el sueño ha terminado”, que en este caso hace referencia a la desaparición de los Beatles. La canción God es un reencuentro con él mismo, reencuentro intenso donde él ya no es la morsa sino John. Es un buen camino: encontrarnos y amarnos, cuestionando y dudando de todo, pero después, al final, debemos reencontrarnos con el mundo, con los otros.