Culturadomingo, 29 de enero de 2017
La sátira contra la visión oficial
La crónica más divertida del Congreso Constituyente: Fernando Díaz
Redacción
La crónica más divertida del Congreso Constituyente: Fernando Díaz
Redacción

Hace cien años, gracias al decreto de Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, la ciudad de Querétaro fue nombrada Capital Provisional de la República Mexicana, para que se realizara un congreso constituyente a fin de llevar a cabo la enorme tarea de modificar la Constitución de 1857. De tal manera, la Carta Magna reformada sería el símbolo distintivo del triunfo de la facción constitucionalista revolucionaria. Al final, se hicieron cambios sustantivos y el resultado fue una nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que se promulgó el 5 de febrero de 1917, en la que se incorporaron las demandas de los sectores populares, campesinos y obreros.
La trascendencia del evento fue tal, que la apacible ciudad queretana se convirtió, de pronto, en un espacio de algarabía y gran movimiento. Llegaron los miembros de los poderes de la Unión, los diputados constituyentes voceros de los estados del país, un gran contingente de reporteros, corresponsales, fotógrafos y diversos personajes representantes de medios periodísticos nacionales e internacionales, comisionados para cubrir cada una de las sesiones de la asamblea e informar de lo acontecido en la pequeña ciudad del Bajío.

La prensa, único medio de comunicación con amplia cobertura, jugó un importante papel al dar a conocer a la opinión pública las discusiones de los constituyentes y los principales aspectos debatidos que le darían el rumbo constitucional a la República. Sin embargo, además de aquellos diarios de renombre, que siguieron formalmente la noticia e informaron a detalle el desarrollo de los trabajos, hubo otros periódicos que surgieron al calor del Constituyente y que utilizaron otros géneros menos informativos y más satíricos con el objetivo de ofrecer una visión relajada de aquel acontecimiento tan importante para el futuro del país.
Amparados en la libertad de expresión, estos periódicos dejaron un testimonio riquísimo de aspectos cotidianos que se vivieron durante las sesiones, de las pugnas y fricciones entre las distintas posturas ideológicas que se confrontaron y también de los perfiles y actitudes de los constituyentes, sus vicios, sus manías, sus filias y fobias, así como los enfrentamientos debido a cuestiones cruciales que se discutieron, entre otros, El Gorro Frigio, El Camote y El Zancudo, publicación que nos ocupa. La mirada que esta publicación ofreció al lector, fue de gran importancia porque mediante la sátira, cuestionó la visión oficial que tradicionalmente ha enaltecido a los constituyentes. Se editaron cuatro números, de los cuales tres aparecieron durante la celebración del Congreso los días 11, 18 y 25 de enero y, el último, el número 4 que fue publicado el 5 de febrero de 1917 cuando, finalmente, se promulgó la Constitución.

El periódico fue escrito por un pequeño grupo de diputados: Pedro Chapa, director y Marcelino Dávalos, Rafael de los Ríos y Alfonso Cravioto como colaboradores quienes, en su mayoría, eran periodistas de profesión, además de importantes hombres de letras y de la política. Nombres que sólo se conocieron hasta la aparición del último número del periódico. Chapa fue representante por Tamaulipas; Marcelino Dávalos por el estado de Jalisco; Rafael de los Ríos lo hizo por la capital y Alfonso Cravioto por el estado de Hidalgo. Asambleístas que utilizaron al periódico como una plataforma alterna a la formal, para dirimir en clave sarcástica lo que no podían expresar con tanta libertad en la palestra. Los blancos de sus ataques fueron tanto la corriente más radical del Congreso, integrada por los llamados “jacobinos”, quienes cuestionaban las posturas “moderadas” de los carrancistas, como estos últimos. En sus sátiras sacaron a relucir virtudes y defectos de los asistentes, haciendo mofa de la indumentaria, la forma de hablar, el contenido de sus largas y soporíferas intervenciones, entre otras cosas. A decir de Fernando Díaz Ramírez fue “[…] la crónica más divertida del Congreso Constituyente […]”