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Localmiércoles, 28 de diciembre de 2016

20 años dedicada a la venta de gorditas

María tiene su local en el mercado gastronómico

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Zulema López

Tener dinero para solventar los gastos de su familia es lo que llevó a María del Carmen a vender gorditas afuera de su casa, actividad que pensó que sería pasajera y a la que ya le ha invertido 20 años de su vida.

María es una de las diferentes mujeres que tiene su local en el mercado gastronómico de La Peña de Bernal y ahora, orgullosa, narra como esa decisión la ayudó a sacar adelante a su familia, aunque ninguno de sus 11 hijos quiere seguir sus pasos.

La primera vez que salió a vender lo hizo colocando en la calle una hornilla de carbón, su comal de barro y muy pocos guisos: chicharrón, nopalitos, huevitos, frijolitos y patitas.

“Vendíamos muy bien nuestras gorditas, y como eran en comal de barro, les llamó mucho la atención; con carbón y todo. Ya después le seguimos, le seguimos, y ya tenemos parrilla para gas”.

Hace dos décadas no sabía cómo ayudar a la educación de sus hijos, pues es mucho dinero el que se requiere para pagar las escuelas y útiles, periodo en el que el más grande tenía 25 años.

“Ese tenía ya a su señora, a los 20 se casó; ya los demás eran chiquitos, tenía yo que trabajar para ayudarle a mi esposo… (es) jornalero… se llama Constantino”.

En ese periodo su esposo venía siempre a la capital queretana a trabajar y aún ahora, gran parte de su tiempo lo tiene que pasar acá, por lo que en cuanto María le dijo su deseo de vender gorditas, enseguida la respaldó.

Recuerda que a sus hijos les llamaba la atención hacer gorditas y la apoyaban, pero en cuanto crecieron se les fue el interés, sobre todo porque todos ya se casaron.

A veces recibe ayuda de alguno de sus 25 nietos, quienes de vez en cuando la acompañan.

“Cuando yo ya de veras, ya no pueda les voy a dejar el local, les digo, porque bendito sea Dios, gracias a Dios, me han dejado un localito, ya cuando no vendimos en la calle”.

Además de cambiar su parrilla por una estufa de gas, ahora sabe que debe tener muchos guisos, pues la comida que ofrece tiene que ser para el gusto de todos, no el propio y aunque el espacio en el que se encuentra es muy bueno, la clientela no es tan grande como la esperaba y sólo ofrece sus productos los fines de semana.

Tras tomarse esos breves instantes para recordar ese comienzo de una vida dedicada a la venta de gorditas tradicionales, María del Carmen sigue con sus actividades diarias, con las que ahora busca, solventar sus gastos propios.

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