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Análisismartes, 14 de abril de 2026

La pista / Entre exportar y resistir

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México vive hoy una paradoja económica que define su momento. Mientras se consolida como una de las principales potencias exportadoras del mundo, al interior enfrenta presiones crecientes en el costo de la vida, particularmente en la canasta básica.

Los datos son contundentes. México se ubicó entre los diez mayores exportadores globales en 2025. Es un logro relevante en un contexto internacional complejo, marcado por tensiones comerciales y reconfiguración de cadenas de suministro. La relocalización de empresas y la cercanía con Estados Unidos han fortalecido su posición en el comercio global.

Pero ese avance externo convive con una realidad interna más difícil. El costo de la canasta básica aumentó por encima de la inflación general. Es decir, los productos esenciales para las familias mexicanas se encarecen a mayor ritmo que el promedio de la economía.

El dato más claro está en algo cotidiano: el jitomate. Su precio no solo subió, se disparó. En marzo registró incrementos cercanos al 50% mensual y más de 100% anual, convirtiéndose en el principal factor detrás del encarecimiento de la canasta básica. Es decir, no es solo inflación, es presión directa sobre lo que la gente come todos los días.

El contraste no es menor. Mientras el país vende más al mundo, sus ciudadanos pagan más por lo básico. Y en ese cruce aparece un factor que no depende de decisiones internas: la guerra.

El conflicto en Medio Oriente, particularmente la tensión en el Estrecho de Ormuz, ha impactado el precio de la energía a nivel global. Cuando el petróleo sube, sube el transporte. Cuando sube el transporte, suben los alimentos. La cadena es directa.

No se trata solo de gasolina. Fertilizantes, logística, producción agrícola y distribución están vinculados a los costos energéticos. Por eso, un conflicto a miles de kilómetros termina reflejándose en el precio del jitomate, la carne o la tortilla.

México, además, enfrenta una debilidad estructural. No cuenta con reservas estratégicas suficientes de combustibles que permitan amortiguar choques externos prolongados. En un entorno de volatilidad, esa falta de colchón se traduce en mayor vulnerabilidad interna.

El problema es que el crecimiento exportador no necesariamente se traduce en bienestar inmediato. Exportar más no significa vivir mejor. Son dinámicas distintas: una responde a la competitividad externa, la otra al poder adquisitivo interno.

Y ahí está el reto. Convertir el éxito exportador en estabilidad interna. Lograr que la fortaleza hacia afuera se refleje en menor presión para las familias.

Porque si el país crece hacia afuera pero se encarece hacia adentro, el equilibrio se rompe. México hoy exporta como potencia.

Pero internamente, aún resiste como economía vulnerable. La tensión sigue en el estrecho, y con ello la incertidumbre.

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