Invitamos a nuestros lectores a visitar esta exposición, así como a seguir el trabajo de Esmeralda Núñez, de quien esperamos nuevas noticias de exposición próximamente.
Poco a poco las personas comienzan a congregarse en la zona arqueológica para participar en rituales y actividades con motivo del equinoccio de primavera
Sugiere el consejero nacional al exgobernador, Francisco Domínguez Servién, que busque o un terapeuta o un sacerdote para recuperar la estabilidad y ser libre
El diplomado, que será gratuito, busca fomentar la participación ciudadana, cultura democrática e incidencia pública desde un enfoque de igualdad y no discriminación
Fundadora de Miztontli señaló que la falta de sensibilización de jueces y la ausencia de peritos especializados impide sancionar delitos contra animales de manera efectiva
Una excelente obra de arte es excelente en tanto es compleja, es decir, cuando se intersecciona con una serie de instancias que la conforman y la desarrollan. El arte es ante todo una situación, que surge o emerge a partir de la interacción de todas esas instancias, la obra en sí como objeto material es tan solo una de esas instancias, que ha de arroparse de toda aquella información que la rodea, de todo aquello que “se dice” de ella. Porque así como la información como fenómeno físico no es “algo en sí” sino algo que emerge a partir de interacciones dialógicas entre diversos agentes, así también el arte es una situación emergente a partir de la afortunada interacción de artistas, espectadores, instituciones, galerías, coleccionistas, críticos, teóricos, etc…, en un momento determinado.
Ahora, la obra de arte como objeto material en sí, también se compone de varias instancias que conforme el artista va explorando con sinceridad y profundidad complejizan su propuesta discursiva en términos visuales, musicales, performáticos, o desde cualquier aspecto en que su ímpetu creador se manifieste.
La obra como objeto en sí debe, en primer momento, constituirse como una investigación de carácter estético. Ha de investigar y tender a una mayor comprensión sobre la belleza; el hecho de que una gran cantidad de pseudoartistas no se perfilen hacia este tipo de investigaciones ha creado lo que el teórico del arte Francisco de Paula Nieto ha dado a llamar “posmodernidad decadente”. Según Nieto tal posmodernidad no tiene algún aporte de sentido o de conocimiento, y en esa medida es también irrelevante para el devenir de la historia. Ser una investigación estética es un requisito para que un objeto material pueda dotarse con el atributo de ser arte, si adolece de él entonces bien puede ser otra cosa pero no arte. Digamos esta tendencia de que el arte se enfoque en denunciar la injusticia de los fenómenos sociales en una suerte de activismo es perfectamente loable, siempre y cuando tal arte sea también arte y no solamente activismo. Por ejemplo si una exposición fotográfica que denuncia la condición de los migrantes en Europa no presenta en sus fotografías también una excelencia estética, técnica, material y formal, entonces no es arte sino activismo exclusivamente. El arte, que en su núcleo es una forma diferencial de comprensión del mundo, es decir, el arte es una epistemología que conoce a partir de una ontología (creando objetos), y por esa razón es una forma de conocimiento válida y necesaria para el devenir cognitivo de la humanidad. No podemos permitir que tan poderosísima herramienta de comprensión de los fenómenos sucumba ante la moda contemporánea de que los objetos artísticos no sean también una investigación de carácter estético, y carezcan de excelencia técnica, formal, material y conceptual, pues al hacerlo ponemos en riesgo lo aprendido hasta ahora con tanto esfuerzo a través del afán humano de crear, corremos el riesgo de olvidar las lecciones aprendidas en la historia y regresar a un estado menos resuelto de esteticidad, de cognición, de civilidad, y en última instancia también de ética.
Aporta igualmente a la Ética un artista cuya obra investiga a las ideas más abstractas, inmateriales, y alejadas de la “realidad social” del ser humano, como la de un artista que explora en su creación los fenómenos de la injusticia social, de la política, de la guerra o de cualquier otro tema; siempre y cuando ambos investiguen tales estructuras conceptuales de forma excelente y lleguen a partir de ellas a conclusiones informáticamente relevantes de carácter estético, teórico, material, formal, técnico, etc…, para la tradición completa de la disciplina en la que trabaja y que le precede.
En este contexto le proponemos al lector visitar la imperdible exposición “Cartas del Exilio” de la artista queretana Esmeralda Núñez en el Centro de las Artes de Querétaro (CEART), ubicado en el claustro de Santa Rosa de Viterbo. La pintora presenta una serie de trabajos visuales con el tema del exilio del pueblo gitano, pero que supera grandemente el tema que se propone y se constituye como metáfora de todo aquello que ha sido exiliado, de todos los desprotegidos del mundo; o en términos de la teorética de Enrique Dussel: de la viuda, del huérfano, del pobre, del extranjero, vamos de los pueblos del Sur. Esmeralda refleja muy bien esta situación usando como modelos por ejemplo a personas que no representan el canon clásico europeizante de belleza, sus modelos son indígenas otomíes, son vagabundos (pero vagabundos inundados de sabiduría y plenitud). Su pintura nos lleva a ver atentamente al Otro, al otro cuyo rostro nos interpela a la acción. Y al mismo tiempo su exploración artística es plenamente estética, no es solamente una denuncia sino una enunciación de lo otro, de lo distinto como algo válido, amplio y bello en plenitud. Visualmente experimenta con el espacio y la profundidad que se puede lograr mediante la luz y los elementos que van siendo bañados por ella en distintos planos superpuestos. Su paleta de colores es viva y variada, en algunos cuadros su aproximación es más bien cercana a lo barroco con sus colores ocres y tonos oscuros, y en otras es tremendamente viva y llena fulgor. Esmeralda insiste en la fuerza de la mirada como un elemento fundamental de su obra, eso se descubre fácilmente notando la intensidad y el cuidado que presta a reflejar la diferencialidad de cada mirada, los ojos de un anciano que denotan sabiduría, los de una madre que reflejan la fuerza y la madurez de la maternidad, o los de un niño que encarnan la virtud de la espontaneidad y la alegría.
Defendamos la tendencia de la posmodernidad a la virtud y al conocimiento, a la posmodernidad trascendente y no a la decadente; de ello depende en medida importante la supervivencia de la ética pues como diría Leibniz en su disertación Sobre la originación radical de las cosas de 1697: “la indiferencia resulta sin duda de la ignorancia y cuanto más sabio es alguien tanto más se ve determinado hacia lo más perfecto.