Localmiércoles, 28 de junio de 2017
El circo social: un arte que transforma
El colectivo Ar Tsant’i utiliza las artes circenses para transformar
Alondra Jiménez

El colectivo Ar Tsant’i busca desarrollar habilidades sociales a través de técnicas circenses El circo es una de las expresiones artísticas más antiguas en el mundo, a lo largo del tiempo ha sido modificado pero sobre todo valorado. Para muchos artistas, el arte circense no es vista sólo como una disciplina para entretener sino que lo han convertido en una herramienta de intervención comunitaria para la prevención de conductas, así como una forma para desarrollar habilidades sociales.
Tal es el caso del colectivo Ar Tsant’i, que beneficiados por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (FONCA) ha promovido el circo social en Querétaro a través del proyecto “Sembrando circo” el cual consiste en tres momentos de intervención: talleres, jornadas y capacitaciones y durante los pasados seis meses, ha penetrado en barrios tradicionales como San Sebastián, La otra banda y El Tepetate. “El proyecto se encuentra enmarcado dentro de la metodología de circo social, la cual utiliza las artes circenses como un medio de transformación dentro del entorno social. Se ha señalado en varios estudios que el arte es una herramienta de intervención muy efectiva con población que vive en condiciones de vulnerabilidad”, explica Paloma Trujillo, miembro del colectivo.
Derivado de su componente lúdico y que forma parte de un imaginario conocido y aceptado socialmente, el circo resulta ser un buen gancho para trabajar temas de carácter social, “lo que brinda la posibilidad de cambio a través del enfoque en lo que se sabe hacer, en las habilidades y fortalezas que cada quien tiene o puede desarrollar con las técnicas de circo”, menciona Alejandra Cruz, quien también integra este colectivo.
A lo largo de los últimos seis meses han llevado esta propuesta los barrios de La Otra Banda cómo el Tepetate y San Sebastián, así como en el municipio de Amealco; zonas conocidas por los altos índices delictivos, así como de problemas de drogadicción e incluso embarazos a temprana edad, motivo por el que decidieron comenzar ahí con los talleres estructurados en una metodología que comienza a partir de las fortalezas individuales para de ahí derivar un proceso de co-creación con otros, donde la estimulación de la creatividad es el centro del proceso, es por esto, que las técnicas y métodos de trabajo se enfocan desde y hacia este objetivo. Dentro de este proyecto comenzaron con malabares en diferentes escuelas públicas tanto matutinas como vespertinas de los barrios antes mencionados, atendiendo al rededor de 100 niños de ocho a doce años de edad; “ha sido una respuesta positiva la que hemos visto a lo largo de estos meses porque la metodología no sólo busca que se haga algo circense sino habilidades sociales, auto conocimiento, trabajo en equipo. Es un apoyo generar este tipo de actitudes por las diferentes problemáticas que hay. Y ha sido una forma en la que las maestras se han podido apoyar para trabajar en esta parte social”, destacan.
A 75 kilómetros de la capital, en Amealco de Bonfil, Ar Tsant’i ha llevado a cabo una de las tres jornadas que prevé el proyecto durante este año, “consisten en visitar la comunidades en alianza con agentes sociales del mismo lugar, de manera que posteriormente se pueda dar continuidad a las acciones realizadas, generando una sustentabilidad del proyecto”, explica Cruz. En esta primera edición han sido beneficiados ya 100 niños con talleres de técnicas de malabares, además de la presentación del espectáculo circense de Andrés Aguilar. El Museo Regional será el segundo espacio que acoja este proyecto el próximo agosto y el último será en San Miguel de Allende.
Julio será el mes en el que realicen su tercera etapa del proyecto con la capacitación de circo social a artistas, la consistirá en una estancia con duración de cinco días en La Circasa, Aculco, Estado de México; planeada para que los participantes puedan conocer la teoría, vivir la experiencia e implementar la técnica, para así asegurar un acercamiento a la misma y poder brindar las herramientas para futuras intervenciones.
El circo es un arte que va más allá del clown, del maquillaje, el vestuario y la bufonería; los artistas han trabajado para desestimar esa creencia. Pese a esto, aseguran que no ha sido una tarea complicada, “hemos tenido una respuesta positiva, desde luego antes de comenzar la intervención les explicamos en qué consiste”, dijo Trujillo; “no sólo es acercarse al show como show, sino que la gente se acerque al arte y lo viva. Y sí lo aprecia porque nunca habían tenido este acercamiento, eso nos han dicho”, expresa Alejandra.
Dentro de este modelo de intervención con circo social, donde el aprendizaje de las diversas técnicas de circo es el motor fundamental para contribuir a transformar vidas dieron inicio con los malabares; ahora tienen grupos que trabaja en técnicas mas riesgosas como expresión corporal y acrobacia, “hemos visto que ya han comenzado a desarrollarse algunas de las habilidades sociales por la forma en la que convivimos y cómo conviven entre ellos, hemos visto ya cierta cohesión en el grupo”, finalizan. Si bien actualmente el proyecto está siendo apoyado por el FONCA, dentro de sus intenciones está continuar haciéndolo auto sustentable con talleres y demás actividades que como colectivo puedan brindar y así poder hacer que a través del circo haya una transformación social.