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Localmiércoles, 22 de marzo de 2017

Encierro se convierte en un calvario

Testimonio de una adicta que necesitaba más abrazos y no humillaciones

Patricia López Núñez

A sus 24 años de edad, Vanessa señala que ingresó al primero de estos centros de rehabilitación a los 17 años por consumo de marihuana, alcohol y clonazepam, esta última recetada para tratarla por bipolaridad, luego de que intentó suicidarse a los 15 años.

Vanessa aclara que en los centros de rehabilitación no sólo hay jóvenes. Hay profesionistas, médicos, amas de casa, hombres y mujeres de todas las edades, incluso menores de edad y personas que están ahí porque sus familias “se quieren deshacer de ellas”.

Ese fue su caso: a su salida del primer centro de rehabilitación quiso probar otras drogas sobre las que escuchaba como la cocaína y otras que narraban los demás adictos.

“Parece tonto, pero son cosas que tienes afuera y no adentro y por eso no dicen nada, porque se benefician. Una amiga y yo lo denunciamos, aunque ya estábamos por salir, y el encargado se fue, no lo corrieron, se fue”, resalta.

Los anexos, dice, funcionan como hablan de Las Vegas, lo que sucede en Las Vegas se queda en Las Vegas, los anexados no pueden hablar de lo que pasa en el lugar, en las visitas familiares si te piden ayuda, terminan la visita porque dicen que los adictos manipulan.

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