Payasos
Domingo siete
Redacción
Por Leonardo Kosta
De los niños uno piensa que van a estorbar, que la ópera les resultará aburrida y que siendo algunos muy pequeños se van a poner a llorar. Pero no, a la hora de la presentación (su servidor asistió a la última función) hubo dos gritos, un grito por acto, y uno de ellos resultó armónico con el pasaje que en esos momentos interpretaba la orquesta.
En este sin sentido, quien asumió el juego del juego fue una niña de cinco o seis años que, destacándose entre los aldeanos de la escena, entendió a carta cabal lo que significa el juego teatral, tan parecido al juego real de los niños que ella disfrutaba aprovechando el hecho que la colocaba en otro tiempo y lugar.






















