Pepenador al lado del lujo
Don José Luis, a los 61 años, es el contraste viviente entre ricos y pobres
David Álvarez / Diario de Querétaro
Lámina, cartón y madera son algunos de los materiales con los que construyó su casa en un terreno que dice es propio y que también renta a personas que, como él, han decidido vivir de esta manera en una zona de amplio crecimiento habitacional y de negocios.
Señala que las personas que viven en esta zona al sur de la ciudad son trabajadoras y tranquilas, que no buscan mayores problemas más que continuar con su vida sin molestar a nadie, siendo felices en este espacio en el que poco a poco han sido rodeados.
UNA HISTORIA DE VIDA
José Luis es conocido en la zona como "El Cora", quien padeció de alcoholismo hasta hace 22 años en que dejó de beber. Tiene hijos, nietos y bisnietos, y es viudo, por lo que recibe una pensión de la que puede sostenerse un poco.
Antes de la pandemia vivía de lo que adquiría en el Centro Cívico o en el edificio del Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Querétaro, pero ahora, con padecimiento de diabetes, ha tenido que guardar reposo y vivir de lo poco que le llega.
Su familia lo va a visitar, aunque admite que le gusta vivir solo. La mayoría de ellos vive en la colonia Peñuelas y refiere que este terreno será heredado hacia ellos, pues ya realizó su testamento.
UN ESPACIO ABSORBIDO
Admite que poco a poco estas construcciones e infraestructuras lo han rodeado, tema que lo deja un poco perplejo, pero sabe que tiene otras opciones para vivir en el momento en que eso ocurra.
"Pues sí, ya valió madre. Ya me rodearon y se siente mal estar uno así, pero ya luego veremos. Me iré para mi rancho allá pa´ Los Pocitos para el tiempo que Dios me dé de vida", dijo.
El espacio lo renta en 200 o 300 pesos, dice jocoso, pues realmente lo que intenta es sacar un poco de dinero para costear sus dos vicios: un refresco de cola y unos cigarrillos, de los que dice disfrutar más que nada.
Sus vecinos e inquilinos provienen de Huimilapan, Cadereyta, San José Iturbide y la Ciudad de México, quienes se dedican a pepenar o descargar mercancía y trabajar en la chatarrera en el mercado de Abastos, todos básicamente se dedican a lo mismo.
"Todos nos echamos la mano. Somos gente bien tranquila y trabajadora. Realmente no nos metemos con nadie y nadie con nosotros. Pero aquí hay gente que no es de aquí y tengo que echarles la mano", dijo mientras fumaba un cigarrillo.
"NO ME HALLO EN LAS CASAS CON UNA VENTANA"
José Luis señaló que le han regalado tabiques para la construcción de su hogar, pero "mejor lo regalé. No me hallo en casas así, se me sube la presión con una casa circular y una ventana que, ¡hijo de la madre!".
Cuenta con un tambo de agua, sillas que se usan en albercas, un par de cámaras para grabar lo que ocurra alrededor y una televisión, cuya electricidad proviene de una batería de automóvil y con la que, dice, está contento.
"Tengo todo aquí, no necesito nada. Luz, mi camarita, de aquel lado tengo más cosas. Aquí me la paso tranquilo, no se mete uno con nadie. Simplemente soy de rancho y no sé, estoy acostumbrado", refirió.
Añadió que nunca ha sufrido agresiones ni por parte de las autoridades ni por personas que se hayan querido acercar. "Mejor los pinches dientes se me están cayendo por la diabetes, pero de golpes no. No tengo problemas con nadie".
Este terreno se convirtió en su hogar y el de muchas otras personas. "Este lugar me cae bien porque yo no sé convivir con personas", exclama, y añade que visita a su familia poco tiempo y prefiere regresar a su casa, donde encuentra la paz que requiere.






























