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Locallunes, 18 de diciembre de 2017

Prefieren parodia que tradiciones

Piñatas de 7 picos ya no son tan buscadas

por Eduardo Hernández

“Sí les gusta mucho, han venido chicos y me traen la foto de la suegra. Los chicos de la UAQ, los del ITQ, para hacer la fiesta de mecánica, me piden que haga las mojigangas con la cara de los profesores consentidos o no tan consentidos”, refiere Elizabeth Briseño.

UNA ANTIGUA TRADICIÓN

Desde hace 10 años aquí se pueden encontrar las piñatas tradicionales de siete picos que llegaron a México junto a la evangelización y se volvieron parte fundamental en las tradiciones y la cultura de los mexicanos.

“Siento que mis piñatas llevan el toque personal, todas pasan por mi mano, es un negocio familiar y se nota cuando lo haces con gusto, yo creo que por ello se da la preferencia de mis clientes, porque cada año regresan”, comenta Elizabeth.

Los precios oscilan entre los 70 y los 400 pesos y para cumplir con estos encargos a veces Elizabeth recurre al apoyo de sus hijos; “Si ellos en un futuro quieren dedicarse a esto, ya tienen las armas, ya es cuestión de que ellos lo decidan”, indicó.

A HACER PARODIA

“Tratamos que no sea un personaje en caricatura, como los tradicionales, sino que vaya lo más parecido a la persona, obvio, exagerando algunas características o defectos físicos. Los coches hasta se paran en el tráfico a tomar la foto”.

Las piñatas de Elizabeth Briseño se han ido a la India, China y Canadá, todas con el objetivo de divertir, pero su creadora comparte lo difícil que le resultó el tener que aceptar el final de sus piñatas.

“Antes me costaba mucho trabajo ver que toda la dedicación de una semana, todo el esfuerzo y el detallado tenía que irse cuando la rompieran en un ratito, decía yo, que no la rompan, pero ahora digo, la que sigue”.

Lo que más vende son las piñatas de personajes, porque a veces los clientes buscan piñatas de siete picos, pero ven que a los niños les gustan más los personajes y se convencen de comprar estas propuestas.

“Nunca he roto una de mis piñatas, he estado muy cerca y lo he visto con familiares y amigos. No me gustaría hacerlo, me duele, siento que le pego a mis hijos”, comparte Elizabeth entre discretas carcajadas.

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