Pobladores e investigadores defienden el patrimonio intangible que define la identidad del lugar
Se ampararán en la Ley de Derechos y Cultura de los Pueblos Originarios para que sea declarado comunidad indígena urbana ante la CDI
LO QUE NO TIENE EL
BARRIO
BARRIO POPULAR DE ORIGEN
INDÍGENA
Por eso, con la campaña “San Francisquito no se vende” y la seguridad de cumplir con los requisitos, Bohórquez y los pobladores pretenden llevar al delegado de la Comisión Nacional para los Pueblos Indígenas su propuesta de declaratoria.
VALORES INTANGIBLES DEL
BARRIO
LA PROTECCIÓN
ACTUAL
Desde entonces a la fecha, los cambios de uso de suelo dentro del Perímetro A han terciarizado de manera alarmante los inmuebles, a tal grado de que los habitantes han migrado provocando la citada gentrificación del barrio de La Cruz.
El citado Plan Parcial generó entonces un conflicto entre tradiciones e intereses. La explotación turística de los valores intangibles de la población no es bien recibida por los habitantes de San Francisquito.
El desarrollo comercial, habitacional y de negocios Latitud La Victoria y el complejo comercial Barrio Santiago se ubican dentro de la zona de amortiguamiento.
Señala la consejera presidente del Instituto Electoral del Estado de Querétaro que el trámite legal está en manos del Poder Legislativo y confía en que la tendrán aprobada a tiempo
El presidente municipal de Corregidora, Josué Guerrero asistió a la conferencia “Construir la Vida que Sueñas, Quién Eres y Quién Necesitas Ser”, realizada por Itzandy Rodríguez
Indica Jerónimo Sánchez, director de Animal Heroes, que están analizando la posibilidad de ejercer acción legal contra de Ana Paola López Birlaín por promover eventos relacionados a las corridas de toros
Barrio de San Francisquito Fotos: Margarita Ladrón de Guevara
En el barrio hay de todo para que sus habitantes no tengan que salir de él a cubrir sus necesidades básicas. Por sus calles se encuentran la verdulería, la carnicería, los talleres donde se reparan desde lavadoras o calzado hasta automóviles; la panadería, la tortillería, el salón de fiestas, la guardería, la escuela primaria, el médico general, el dentista, los perfumes; también está el herrero, el diseñador gráfico, el estilista, la tiendita de la esquina; la señora que hace menudo, la que hace pozole, la que vende gorditas y tacos de guisos y la que todos los días sale a darle de comer a las palomas. Es el barrio de San Francisquito, donde en cada esquina hay una muestra del arraigo que los habitantes sienten por él: carteles que informan los días para sacar la basura, un mural que confirma su afición por Gallos Blancos; otro mural que honra al maíz y a la tortilla; otro a la lucha libre callejera que se lleva a cabo cada marzo durante el carnaval. El espacio público es una pequeña y arbolada plaza, un parque con juegos, aparatos para ejercicios y cancha; más todas las banquetas pues en San Francisquito las relaciones no sólo son vecinales sino familiares, laborales y tradicionales.
La tradición ancestral del barrio de San Francisquito lo dota de una cualidad única entre los barrios tradicionales del Centro Histórico queretano: es cuna de mesas de concheros, danzantes que cada septiembre veneran a la Santa Cruz de los Milagros; ahí se encuentran los saberes orales de los antepasados indígenas que habitaban la región desde la llegada de los españoles y al interior de las casas se resguarda la identidad queretana no sólo de la danza, sino en medicina tradicional, en confección de indumentaria ritual y en el conjunto de creencias y misticismos que constituyen un patrimonio intangible excepcional.
En junio de 2013, sus habitantes solicitaron al entonces presidente municipal Roberto Loyola les hiciera realidad lo que ellos denominaron “su sueño”: un salón de usos múltiples y espacios para talleres donde se reúna la comunidad y se atienda a sus hijos, hermanos, padres y abuelos, madres solteras y jóvenes que buscan estudiar y trabajar. La petición, como en ocasiones anteriores, nunca fue atendida y volvió a archivase en los anhelos del barrio. Y de acuerdo con pobladores e investigadores, desde entonces (y como antes) no ha recibido atención de ninguna autoridad, no así el perímetro que lo conforma, drásticamente modificado tanto por decisiones de los gobiernos como por inversionistas privados que ven en la zona una oportunidad de revaloración comercial.
Así lo afirma el antropólogo José Gerardo Bohórquez Molina y así se confirma en el documental “San Francisquito, un barrio en peligro de extinción” realizado por la Dirección de Comunicación y Medios de la UAQ, a través del dramaturgo y director de teatro Avelardo Rodríguez, publicado en TV UAQ y difundido a través de Facebook, donde sus 7 entregas suman más de 60 mil reproducciones.
Bohórquez lanzó a principios de este año la campaña “San Francisquito no se vende” a raíz de que detectó que algunos pobladores recibieron ofertas de inversionistas inmobiliarios para comprar sus predios ubicados en los bordes de este tradicional barrio. De acuerdo con Bohórquez, el barrio está siendo asfixiado y es víctima de la gentrificación, término que define el fenómeno de sustitución de la población originaria de un lugar por otra ajena que no tiene lazos culturales, familiares ni sociales con la primera. “Aquí hay una amenaza territorial, poblacional y cultural” señala Bohórquez y explica “territorial porque se puede extender lo que sucede en 5 de Mayo con antros, teatros, restoranes; poblacional porque hay especulación inmobiliaria; y cultural porque si explotas este lugar turísticamente, cambias a la gente y la identidad. Si se acaba con San Francisquito se acaba con Querétaro” sentencia.
Para proteger al barrio, Bohórquez afirma que acudirá a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, delegación a cargo de Aurelio Cigala, a fin de que San Francisquito sea declarado comunidad indígena urbana con base en la Ley de Derechos y Cultura de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Querétaro.
Esta ley cita en su Artículo tercero que “para el caso de que se pudiera crear un nuevo asentamiento indígena, bastará su solicitud y la sujeción al procedimiento de auto adscripción o auto reconocimiento, la composición lingüística y demográfica, la geografía territorial de la comunidad, incluyendo en su caso, la pertenencia de varias unidades interiores; localidades, barrios, secciones, entre otros, la estructura y mecánica de la autoridad comunitaria, la costumbre jurídica, el calendario festivo y ritual anual”; y en su Artículo 5 especifica que “la conciencia de su identidad indígena es el criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones de la presente ley”.
El barrio de San Francisquito nació con la ciudad. De acuerdo con el mito fundacional, en el cerro de Sangremal los habitantes indígenas iniciaron su veneración por la santa Cruz de los Milagros en el siglo XVI. Se tiene noticia de que en 1740 ya se hacían misas en la zona trayendo a San Francisco del convento grande; en 1786 se consagró el templo de la Divina Pastora, el cual aparece ya en el plano de 1796. San Francisquito formaba parte del barrio de La Cruz pero se dividió cuando se trazó la actual calle Zaragoza a mediados del siglo XX.
José Gerardo Bohórquez sitúa el origen de Querétaro en San Francisquito junto con La Cruz al nacer en la loma del Sangremal la ciudad, de acuerdo con el mito, el 25 de julio de 1531. “Aquí siguen presentes los concheros indígenas cuyos abuelos hablaban otomí. Y no sólo hay indígenas de aquí sino que pernoctan mazahuas, ñañús, etc. Los habitantes de aquí han podido resguardar su cultura, tradición, identidad. El 80% es originario de este barrio, tienen una raíz profunda” asegura en el citado documental el investigador jubilado del INAH.
El barrio es cuna de las mesas de concheros que danzan cada año en el mes de septiembre. “Ellos no se dedican a dar espectáculos ni ser atractivo para turistas y sin embargo, en eso querían convertir al barrio las autoridades municipales pasadas” dice Bohórquez en entrevista con Diario de Querétaro.
El barrio colinda al sur con Constituyentes, al poniente con la Alameda Hidalgo y al oriente, con la avenida Circunvalación. En este perímetro se están llevando a cabo importantes inversiones que ponen en riesgo la conservación del barrio con su identidad: sobre Constituyentes se construye el enorme complejo comercial y habitacional Latitud La Victoria, en el terreno que por medio siglo perteneció a la embotelladora La Victoria y que podría animar a otros inversionistas y desarrolladores a adquirir predios en la zona para expandirlo. En el lado norte, la gentrificación del barrio de La Cruz con su excesiva comercialización donde han proliferado hoteles, restaurantes y antros. Al poniente se construyó una plaza comercial frente a la Alameda a la cual se suman las próximas intervenciones que realizará el gobierno municipal al interior de dicho parque; y al oriente con el ambicioso proyecto Barrio Santiago, frente al acueducto y donde fuera la hacienda Carretas, el cual incluye un centro comercial.
El documental “San Francisquito, barrio en peligro de extinción”, presenta el testimonio de especialistas y pobladores que proyectan lo que podría suceder a raíz de la especulación inmobiliaria y la gentrificación. Saúl Ragoitia, párroco de La Divina Pastora, señala “el barrio ha sido raíz de todo aquello que marca la vida queretana. Si alguien no valora esta identidad y origen, se sobreponen otros intereses que destruirán lo nuestro, cuando alguien pierde su identidad no sabrá construír su futuro. Debemos entender nuestra memoria histórica más allá de intereses económicos y comerciales”.
Edgardo Moreno, investigador en temas de antropología, urbe y tradición, argumenta que “los barrios tradicionales están desde el siglo XVI y son toda una lectura de la historia social, urbana, mística de Querétaro. Lo más importante es que en muchos barrios la gente sí resignifica esos espacios pues le dan un valor no como bien raíz o monetario, sino porque ahí es la casa de sus abuelos. ¿En qué momento las inmobiliarias van a desplazar a los antiguos habitantes de los barrios para convertir sus casas en grandes chalets?”
Y sobre San Francisquito en particular, abunda “si desmenuzas el sentido colectivo, comunitario, de la gente, te encuentras que un vecino construye el traje (de danzante), otro vende plumas, otro saca los permisos para la daza, otro hace el carrizo, la cucharilla, otro vende cuentas. Sabemos de la fiesta pero atrás hay todo un trabajo que demuestra el sentido comunitario. Cuando traes elementos nuevos, desplazas y se rompe el tejido social; el riesgo es que el barrio como tal, con ese sentido del uso del espacio, desaparece”.
Miguel Martínez, capitán general de danza, dice “este lugar no tiene valor económico sino su valor es espiritual, moral y no vamos a permitir que lo vendan o renten. Nuestras tradiciones no son un espectáculo ni circo, nuestra tradición no se vende. No tiene precio. Los problemas del barrio son de inseguridad por culpa de los políticos que apadrinan a los que venden drogas, no permiten a la gente tomarse una cerveza en la calle pero sí te ponen en cada esquina venta de alcohol. El barrio sufre del desamparo al no ser protegido como patrimonio histórico, no está dentro de la declaratoria federal como zona de monumentos históricos ni dentro de la declaratoria de la UNESCO”.
Desde 1996, el Centro Histórico de Santiago de Querétaro está en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO. De acuerdo con el Plan Parcial de Desarrollo Urbano para la Zona de Monumentos y Barrios Tradicionales de la Ciudad de Santiago de Querétaro publicado en el periódico oficial La Sombra de Arteaga el 1 de abril de 2008, el área decretada como Zona de Monumentos Históricos de la ciudad de Querétaro incluye el perímetro de máxima protección de monumentos históricos, denominado Perímetro “A”, y áreas de amortiguamiento conformadas por los Perímetros “B”, dentro de las cuales se determinan dos zonas adicionales: la Zona de Barrios Tradicionales y las Zonas de Transición.
En el capítulo II, inciso 1.2, los objetivos estratégicos asientan que este plan deberá trabajar en la protección y conservación de la Zona de Monumentos Históricos y puesta en valor de los barrios tradicionales no incorporados en dicha zona, a través de A) Rescate de monumentos y conjuntos patrimoniales, rehabilitación de la imagen urbana y fortalecimiento de la oferta de servicios turísticos. B) Rescate del uso habitacional en edificios patrimoniales. C) Aprovechamiento del patrimonio histórico para el desarrollo de actividades económicas compatibles con sus características edificatorias. D) Las condiciones de habitabilidad deberán ser mejoradas para mantener una Zona de Monumentos y Barrios Tradicionales viva y asegurar la diversidad socioeconómica de sus habitantes.
Este plan pone el acento en el Centro Histórico-patrimonial con especial atención en su Zona de Amortiguamiento definida por los Barrios Tradicionales y manzanas aledañas a la zona declarada como Perímetro A de la Zona de Monumentos Históricos y en su inciso III.1.1., titulado Política de Conservación, se mandanta el establecimiento de un programa “de mejoramiento de la imagen urbana en las zonas aledañas a los monumentos y sitios históricos ubicados en los Barrios Tradicionales; conservación de las tradiciones que caracterizan el patrimonio cultural intangible de la ciudad; difusión, fomento y dignificación de los espacios públicos donde se llevan a cabo, las festividades y celebraciones populares; y favorecer su promoción externa mediante festivales y eventos de carácter regional que motiven la visita a la ciudad por parte del turismo”.
Raúl Enrique Morales Bárcenas, miembro del consejo de barrios, define “aquí somos una gran familia. Los peligros que yo veo es que nos están envolviendo comercios. Y grandes inversionistas. Nos irán cambiando, nuestro entorno irá cambiando, San Francisquito es histórico desde su nacimiento y a través de la unión de los que aquí habitamos que somos depositarios de una tradición ancestral. Siento como una obligación defender nuestro pasado, nuestra esencia. Tengo temor de que San Francisquito desaparezca, debe permanecer en el tiempo porque el barrio es historia”.
La investigadora Jimena Cruickshank ofreció en el citado documental hecho por la UAQ un análisis de lo sucedido en los centros históricos de la Ciudad de México y Oaxaca, donde inversionistas intervinieron edificios y calles para hacer departamentos, hoteles y corredores turísticos que desplazaron a la población nativa. Desde el punto de vista de la investigadora, el trabajo hecho en ambas ciudades elimina la identidad peculiar de estos lugares, uniformándolos con otros que han sufrido las mismas intervenciones como el barrio de Coyoacán y el centro de San Miguel de Allende.
Más allá de perder el patrimonio histórico edificado, dijo, se pierden las relaciones sociales del barrio “los centros históricos se caracterizan por tener gente de clase alta y de clase baja, donde había relaciones de amistad y eso es lo que hace segura una ciudad, cuando empiezas a separar clases sociales dentro de la misma ciudad lo que generas es violencia”.
El delegado del INAH en Querétaro, Manuel Naredo, menciona que cuando se hizo la declaratoria por parte de la UNESCO, se pretendía incluir la zona de barrios tradicionales pero la propuesta no prosperó; sin embargo, reconoce que es importante conservarlos. “Es fundamental el cuidado alrededor de la zona de monumentos, que incluye los barrios como San Francisquito y los límites del perímetro A, pero no tenemos los mecanismos legales para hacerlo”.
El propio Plan Parcial lo deja asentado: “Fundamentalmente, se busca el mejoramiento de “la imagen urbana”, así de “la escala humana” en el Centro Histórico-patrimonial (…) mediante la rehabilitación urbanística del conjunto urbano con acciones de recuperación de los espacios públicos, de mejoramiento del ornato y la calidad urbano arquitectónica de los ambientes monumentales, así como la promoción de inversiones e intervenciones de renovación urbana y de regeneración habitacional”.
Stefanía Biondi, investigadora del ITESM, junto con trece especialistas más (en su mayoría arquitectos) realizaron en 2013 un estudio denominado Programa de Mejoramiento Barrial-San Francisquito dentro del Taller de Diseño Participativo de la maestría en Nuevo Urbanismo del ITESM campus Querétaro. El estudio, cuya primera parte de análisis y diagnóstico suma 120 páginas, se llevó a cabo dentro del barrio con la participación de un centenar de habitantes entre enero y mayo de ese año. El documento cita que de la reunión llevada a cabo con los habitantes y en particular con los danzantes concheros, surgieron aspectos como la falta de espacio público, el mal estado de conservación de vialidades y banquetas, así como conflictos viales por los sentidos de las calles del barrio; en la cuestión social recurrieron temas como la falta de oportunidades para jóvenes, así como alcoholismo, drogadicción y delincuencia.
En el segundo tomo incluye las propuestas resultantes de los encuentros entre población e investigadores divididas en 24 láminas y cuyo objetivo es mejorar las redes que constituyen el armazón de la estructura urbana del barrio. Las propuestas se concentran en: red de movilidad general, red de movilidad peatonal, red de movilidad vehicular, movilidad en transporte público, estacionamientos, red de espacios públicos y recorridos de danzantes.
“San Francisquito es uno de los territorios donde mejor se conserva la combinación entre patrimonio intangible y tangible, que es una de las características de la ciudad” afirma la Dra. Biondi, cuyo estudio arrojó que lo que pide el barrio es “conservación de su identidad, desarrollo comunitario integral y espacios públicos para la convivencia”.
En el barrio no hay obras importantes que respondan a estas necesidades por parte del gobierno municipal, afirma la doctora. “La gente quiere a su barrio, lo quiere proteger y mantener con sus tradiciones. Muchos de los problemas indicados por los habitantes se relacionan con el espacio; identificamos conflictos con otros usos del espacio público: la movilidad motorizada y el comercio ambulante”.
De acuerdo con el citado estudio, de los 1712 predios, el 70.85% está destinado a casa habitación unifamiliar y sólo el 12.09% a servicios. Este levantamiento, realizado por los alumnos de Diseño Participativo de la maestría en Nuevo Urbanismo en 2013, muestra que en total, sólo el .52% es baldío pero aquellos predios que estaban en construcción en aquel año, se ubican justamente en los perímetros de las calles Constituyentes, 20 de noviembre y Pasteur.
En el análisis realizado se evidenció la necesidad de tener un centro comunitario, el cual le fue solicitado ese mismo año al alcalde Loyola, quien de acuerdo a testigos ahí mismo “dictó órdenes” para que se adquiriera un inmueble destinado al centro comunitario, lo cual nunca sucedió. Posteriormente, Loyola perdería las elecciones para gobernador.
Pero más allá de investigadores, autoridades y estudiosos, lo que la población quiere es muy claro y así lo manifestó en una carta de 2013: queremos un barrio donde todos sean bienvenidos y se respete la tradición, las costumbres y nuestro territorio sagrado, ya que nuestros hogares y nuestro barrio son la cuna de más del 80% de sus habitantes y queremos seguir disfrutándolo. Lo que queremos en San Francisquito es ser hermanos universales, vivir plenamente y en paz.