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Localdomingo, 10 de octubre de 2021

Saúl Ragoitia cumple 25 años de sacerdocio

Inspirado en el profeta Samuel, declara que su misión es dar acompañamiento a los fieles

David Álvarez / Diario de Querétaro

De la parroquia de la Divina Pastora, en el barrio de San Francisquito, donde decenas de fieles acuden día a día a escuchar misa, el padre Saúl Ragoitia se ha ganado el apoyo de los habitantes de la zona, quienes le muestran afecto y respeto.

Para él, la vocación de sacerdote es un llamado de Dios, mismo que escuchó a los 10 años y que le recuerda la historia del profeta Samuel, quien desde niño, al igual que él, tuvieron el contacto divino y forjaron su camino.

También agradeció a su familia, a quienes les reconoció su formación sacerdotal y el otorgarle los valores católicos desde su infancia, quienes le procuraron y apoyaron en la decisión de continuar con esta vocación.

Ragoitia Vega es queretano de nacimiento, creció en la colonia Obrera, al norte de la ciudad y tiene 50 años de edad; curiosamente fue bautizado en la parroquia de la Divina Pastora donde ahora mismo es párroco, desde el 5 de agosto de 2015.

Estudió en la ciudad de Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana sobre teología moral. Al llegar a México se incorporó a la Diócesis de Querétaro y se dedicó a la pastoral familiar y al apostolado de los laicos.

"Fueron años importantes que marcaron mi ministerio, que es la atención y acompañamiento a las familias, los matrimonios, movimientos de familia, el impulso a los laicos, que me han enseñado bastante. He aprendido más de lo que haya podido dar", refirió.

Para el párroco, a diferencia de hace 25 años, las sociedad van cambiando y esto no representa un obstáculo sino una oportunidad, un reto personal incluso que le ha hecho revalorizar algunas reflexiones sobre el entorno.

"Tenemos que dar razón de nuestra fe frente a todas las circunstancias. El Evangelio de Cristo tiene que estar presente y más que preocuparnos o replegarnos ante los cambios para mí han sido un impulso", mencionó.

25 años son, para él, un camino extenuante, pero con mucho aprendizaje. Al lado de la gente, de sus compañeros, en un barrio con mucha unidad y también problemáticas, de crecimiento y apoyo. 25 años en los que sigue escuchando el llamado de Dios.

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