Locallunes, 28 de agosto de 2017
Yo no sé mañana, cuadragésimo tercera entrega
El Dorado
Redacción
Por Gabriel Vega Real
Había muchas cosas por aclarar; comprender que Meme fue víctima de un complot.
Continuará...

Maryen abordó el auto y se fue con los desconocidos, no volteó la mirada. Su despedida fue un leve toque de labios. Al verla partir, Meme comprendió que la invitación del helado fue seducción pura diseñada por una profesional. Las pláticas en el malecón, la visita a los intestinos de La Habana, la boda, el helado de chocolate, el travestido, la invitación a turistear en La Cuba que no aparece en las guías turísticas, el perro sarnoso, los niños correteando, la mujer de la ventana, el asesinato, la plática con el personaje de aspecto militar y todo lo que sucedió esos días extraños, fue un plan diseñado para sacar a Maryen y a Pavel de la isla. Meme no volvió a aceptar invitaciones de desconocidos en su página de Facebook.
Meme decidió guardar silencio y dejar las preguntas para después, si se presentaba la oportunidad. A partir de que Maryen se subió en el carro, creyó que nunca la volvería a ver, eso lo tranquilizó, su novia nunca sabría que vivió su aventura en Cuba al lado de una jinetera, aunque al paso del tiempo, vio a Maryen bailando rumba en La Mulata, quiso saludarla, pero Maryen le dio la espalda y se retiró del salón de baile. Tiempo después la vio en el centro de la pista, trataba de enseñar a bailar a Marcelo Liberado.
Pavel y Meme salieron de la terminal de autobuses, Pavel miró la fila de taxis, se estrujó las manos y bajó la mirada, llegó a un país desconocido sin saber nada, la gente se movía con velocidad vertiginosa; algunos corrían al arroyo de la avenida, donde los esperaban en el auto, otros fumaban y muchos permanecían en la sala de espera con las maletas a sus pies, probablemente esperaban la conexión para llegar a su destino final, en un rincón, un escritor vendía sus libros, la oferta incluía la dedicatoria personalizada del autor, pero no era Marcelo Liberado, él dedicaba día y noche en la creación de su ópera prima, estaba inspirado.
Los restaurantes de comida rápida albergaban a decenas de viajeros. En un rincón se veía a un grupo de migrantes que habían elegido la terminal de autobuses como hotel de paso, pero los migrantes no tenían a dónde ir, huyeron de sus tierras en busca de alimento, hombres y niños murieron en el camino, algunos de hambre, otros cercenados por las ruedas de La Bestia, como le nombran al ferrocarril que viaja a los Estados Unidos de Norteamérica y otros desaparecieron, para ellos morir en tierra ajena carecía de importancia, todos eran ajenos en su patria. Al darse a conocer que la autoridad norteamericana endurecería sus normas para frenar la migración ilegal, prefirieron quedarse a vagar en el limbo de las tierras mexicanas, vivían de lo que la gente les daba. Un grupo de mujeres les llevaba comida. Algunos prefirieron quedarse a dormir en el sendero que sale de las vías, un callejón olvidado, cerca de la colonia de las brujas, a un costado del fraccionamiento de las hadas. Los que hicieron su hogar en la vereda, en las noches hacían fogatas para protegerse del frío, ahí, a un lado de las luciérnagas que se desprendían del fuego platicaban su miseria, bebían Tonayán y sacudían su ropa, dejaban el polvo de muchas veredas que caminaron sin saber a dónde iban, únicamente les bullía en la cabeza el sueño de llegar a un lugar que estaba arriba, un lugar dorado, donde había comida y cobijo, donde pudieran ser ocupados como esclavos, pero tendrían alimento, donde pudieran dormir sin que las pesadillas del hambre los aplastaran; decidieron buscar El Dorado, la tierra prometida, sin saber que a la patria que llegaron, millones de hombres buscaban el mismo paraíso, eso no lo sabían. Los migrantes de la América de abajo, no sabían que llegaron a un lugar donde una multitud de mexicanos moría de hambre y de frío, no lo sabían, tampoco sabían que el país que está bajo los pies del Dorado, la gente es ignorada, no sabían que, al igual que ellos, millones de mexicanos huían del clasismo, los que son considerados inferiores huyen hacia arriba, trepan montañas, veredas, callejones sin salida y muchos de los que logran llegar a la tierra prometida mueren de sed en el desierto, asfixiados en los camiones que transportan ilegales, ahogados en el río Bravo, o acribillados como piezas de caza, eso, los migrantes de la América de abajo no lo sabían. No sabían que llegaron a un pozo que no vislumbra salida. Los migrantes del estómago de América supieron que se metieron en el pozo cuando tuvieron que dormir junto a los expósitos de la nación y hurgar por comida en los botes de basura. Debieron pelear por alimento en contra de las ratas, igual que en su tierra de nacencia.
Alguien dijo que la vida es una terminal de autobuses, donde hay taquillas que indican el destino. En esas taquillas se venden los boletos para donde la gente necesite, pero los migrantes llegaron a una un lugar donde no hay destino. La terminal de autobuses de los migrantes ilegales es el limbo de la vida, donde aguarda la soledad, la muerte, el frío, el calor que ahoga, el hambre, la ignominia.
Pavel no tuvo que vivir la desgracia del cubano que mora bajo los puentes del Hospital General, donde la gente duerme y espera la muerte; la antesala del hospital es la cueva del rechinar y crujir de dientes. El cubano que vive bajo los puentes encontró su vida de la misma forma que los hijos que huyen de casa escapando de los fuetazos de los padres. El cubano no sabe que el comandante murió, que el régimen se desmorona y muy pronto será el jardín de fiestas del Dorado. Los hombres que nacieron con la idea de huir del padre severo, pronto sabrán que se tendrán que enfrentar a un padrastro poderoso y golpeador.
Pavel no tuvo esa desgracia, porque en un arranque de piedad, Meme lo llevó a su casa, aunque no sabía para qué lo llevaba. Maryen se fue a buscar su destino, bailó en La Mulata hasta que un hombre la encontró y la llevó a vivir a su casa, el hombre que le ofreció matrimonio es Marcelo Liberado, quien no sabía que su amada ya había jineteado decenas de matrimonios, para Maryen el matrimonio era rutina, para Marcelo Liberado, una promesa de vida infinita.
Meme y Pavel se dirigieron a los taxis y después de hacer una hora de fila abordaron el vehículo que los llevaría a La Rica, donde Meme tenía su casa de soltero y su estudio. Igual que en el avión no hablaron. Al llegar, Meme le ofreció que durmiera en el estudio, escoltado por decenas de dibujos: en un caballete moraba el dibujo de Tarsicio García Oliva, en otro habitaba el de Hugo Gola, en un rincón, una cajetilla de cerillos de donde emergía el rostro de un poeta queretano y en uno de los muros, un cangrejo de mirada adusta.