Yo no sé mañana, quincuagésimo sexta entrega
Novela por entregas
Redacción
Por Gabriel Vega Real
Para la luna no existe el presente ni el pasado sino el futuro. Se oculta para dar paso a la luz que da recurrencia a la muerte venidera, a la eterna soledad, al silencio, a la oscuridad infinita. La vida es una línea en el agua, la muerte es el océano.
Los únicos seres inmortales son los personajes literarios. Cada momento en que se abre un buen libro, se resucita al creador, quien se convirtió en un pequeño dios cuando decidió escribir un universo alterno.
Marcelo Liberado no estaba capacitado para comprender que abrió un Agujero Negro. Reintegró el presente a los fantasmas del pasado. Escribió la vida muerta de entes extintos y seres vivientes. El pasado es el cadáver que los humanos traemos colgado de la espalda.
En el preámbulo del final, continuó con el universo alterno de Yo no sé mañana, la crónica que transcribió de la mujer conocida como:
Mataora
(Marcelo Liberado)
¿Y el dinero para todo eso?
¿De dónde salió?
De regreso a casa, no dejó de pensar en Cayetano, la mirada chantajista del San Bernardo hizo que el susto y la sorpresa por la muerte de los perros, desapareciera en poco tiempo.
Y como no nos podemos meter en los pensamientos de los personajes, pepenando por aquí y por allá, en cafeterías, cantinas y en el tendido de sol de la Plaza México, conocí la historia de
Don Cayetano Salinas, El Preciso
Continuará...























