Yo no sé mañana, quincuagésimo tercera entrega
Novela por entregas
Redacción
Por Gabriel Vega Real
(Mataora)
Marcelo Liberado Salinas
Aunque los perros se destrozaban, como las puertas y las ventanas estaban selladas, Artemisa vivía dos sorderas: la de la muerte de su esposo y la de la calle, que con sus gritos avisaba la hora nuestra de cada día.
Dios mío, ¿qué pasó aquí? Señor, ¿acaso me has abandonado? No se lo dijo a nadie, gritó como si le reclamara al cielo.
Y, desde la puerta, gritó Artemisa
Lárgate de mi casa, maldito animal.
Lo dijo como si las fieras entendieran.
A lo mejor sí entienden, vayan ustedes a saber
pero comprendamos a Artemisa, nadie puede permanecer impávido ante la sorpresa de encontrase, así nomás, de sopetón, con un montón de perros destrozados, mierda por todos lados, sangre embarrada en los pisos y en las macetas que no se rompieron cuando los animales atacaron.
olé.
Continuará...























