No dejes de escribir
Ten cuidado porque esos malandros no tienen miramientos, espían muy bien a sus víctimas
José Cruz Dom{Inuez Osorio
Pues ahí sobre la mesita, junto a la lámpara, dejé el sobre que resguardaba tus palabras. Lo dejé ahí porque el canario empezó a inquietarse, aún no le había dado su alpiste. Creo que tenía hambre, así que le dejé también su recipiente lleno de agua y me dispuse a leer tu carta, ahí sentada en uno de los sillones del balcón.
Te leí con calma y con mucha atención. Claro que me preocupé por eso que escribiste, que vives en un barrio peligroso donde asaltan hasta a las abuelas que se cruzan la calle por ir a comprar su bote de leche. Ten cuidado porque esos malandros no tienen miramientos, espían muy bien a sus víctimas.
Te voy a suplicar que no dejes de escribirme, siempre habrá algo que contarnos. Ya veremos qué pasa con el puente y con todo lo demás. Saluda por favor a Catalina y a la hija de Indalecio, también al compadre Manuel.

























