Gossiplunes, 14 de noviembre de 2016
Esoterismo/ Utsuro Bune
Un encuentro del tercer tipo; historia proveniente de los textos antiguos japoneses “Toen Shosetso, Hyoryu kishú, y Ume-no-chiri”
Frank Barrios
La leyenda
*Colaborador

Japón, el imperio del Sol Naciente, tierra enigmática que por milenios estuvo separada del mundo occidental, guarda celosamente sus secretos. Incluso he escuchado a gente decir que Japón se aisló para no compartir secretos heredados de sus antepasados y visitantes provenientes del espacio exterior. Lo cierto es que este hermoso archipiélago goza de una cultura que le encumbra a ser un país de primer mundo. Siglos atrás nadie podía ver de frente al emperador, por considerarlo algo divino. Cuando Japón pierde la Segunda Guerra Mundial, este mito queda relegado, y el emperador, como sucede en otros países que tienen reyes, pasa a un segundo plano, considerándosele un representante de las cámaras. Ya no es quien toma las decisiones del pueblo, porque para ello existen legisladores que en pleno congreso se encargan de eso.
En tierras niponas todavía se respira esa magia de antaño. Adoran a sus dioses y les rinden culto. Pero no el tipo de celebración que se acostumbra en occidente, principalmente América Latina, donde las costumbres religiosas y paganas, terminan en un maremoto de vicios, degeneración, drogadicción y libertinaje, con la complacencia de los gobiernos: “dale pan y vino al pueblo para tenerlo feliz”, refrán romano que perdura hasta nuestros días.
Cuenta la historia que el 22 de febrero de 1803, los pescadores locales de la Harayadori, costa en la provincia de Hitachi, actual prefactura de Ibaraki, se llevó a cabo un evento del cual en la actualidad existen dibujos, hechos por los lugareños, que indican que algo sucedió en ese sitio y hora indicada. Lo que apareció en el mar fue algo que no podía comprenderse en ese entonces. Era un Utsuro Bune, lo cual significa “barco hueco”. Se trataba de un navío que flotaba sobre las aguas, el cual se apreciaba que estaba a la deriva. Los pobladores describieron esa extraña embarcación, como una enorme olla hueca de 3.30 metros de alto, por 5.45 metros de ancho. Aquello no encajaba con la forma de las embarcaciones conocidas. La parte superior era de color rojo, recubierto de palo rosa. En otros escritos le asignan el color negro. La parte inferior estaba protegida por láminas de bronce, para protegerle de los golpes. Alrededor se apreciaban ventanas de cristal sumamente transparentes, protegidas por barrotes metálicos. La embarcación fue empujada hacia la playa, para examinarla con detenimiento. Y una vez que lograron ver lo que había en el interior, los pescadores iban de sorpresa en sorpresa. Ahí se apreciaban unos escritos en las paredes, en un lenguaje desconocido. Más bien ese tipo de escritura era de jeroglíficos. En el suelo habían lo que parecían ser 2 sábanas, una botella de 3.6 litros conteniendo agua, restos de pastel, un trozo de carne y otro tipo de alimentos resultando ser desconocidos. Además una copa con inscripciones jeroglíficas, las cuales nunca nadie pudo comprender.
Además, lo que los dejó boquiabiertos, fue la tripulación de esa extraña embarcación. Se trataba de una joven sumamente hermosa, que en apariencia tendría 18 ó 20 años de edad. Su estatura era de 1.50 metros. Los cabellos y cejas eran de tono rojizo. El cabello estaba adornado por extensiones blancas artificiales. El lenguaje que parlaba la visitante, nunca fue comprendido por los pobladores de la isla. Tampoco ella logró entenderlos, por lo cual la comunicación fue nula. Además, la hermosa viajera, siempre estaba acompañada de una cajita alargada, la cual no permitía que nadie tocara, y menos que fuera abierta. Los hombres sabios de la aldea, llegaron a la conclusión que se trababa de una princesa de tierras lejanas. Decían que ella quizá había tenido un romance extramarital. Mataron a palos al amante, y a ella le perdonaron la pena capital, pero la abandonaron a su suerte en ese utsuro bune, y en esa cajita guardaba la cabeza de quien había sido su amante. Lo que sí sucedió, es que se comportaba con mucha amabilidad, y pronto se ganó la simpatía de la comarca. Pero con el trato entre la viajera y los hombres aldeanos, sucedió lo que tenía que suceder. Se enamoró de uno de los pobladores de la isla, y esto desencadenó la rabia del pueblo, que nunca la perdonó, volviéndola a montar en la embarcación en la que había llegado, llevándola adentro del océano, abandonándola a su suerte.
Ufólogos que han estudiado esta narración, no han llegado a una conclusión exacta que se pueda comprobar. Dicen que todo enfoca a un encuentro cercano de tercer tipo, que tuvieron los habitantes de la isla. No es el único caso narrado en Japón sobre un utsuro bune. Incluso se dice que una de esas viajeras, en el siglo VII, se casó con un príncipe imperial de la provincia de Iyo, dando a luz al príncipe Ochimiko, Antepasado de la dinastía Kuano. Se dice que esta viajera fue quien trajo a Japón los primeros capullos de seda. En lo personal no le veo nada descabellado que estas leyendas de los utsuro bune, entre los japoneses, hayan sido encuentros cercanos de tercer tipo. No es ni será el único país de la Tierra, en que se mencione que un día, los hijos de Dios bajaron a la Tierra, y vieron que las hijas de los hombres eran hermosas. Las separaron y luego se casaron con ellas. Así se lee en la Biblia, Génesis 6. 1-4.