Sal y mantel blanco: el blanco simboliza la pureza y la sal purifica el cuerpo del difunto, asegurando que pueda transitar entre los mundos.
Agua: representa la pureza y calma la sed de las ánimas tras su largo recorrido hacia la ofrenda.
Velas y veladoras: la luz guía a los muertos hasta su antiguo hogar; en algunos altares, el número de velas coincide con los difuntos homenajeados. Si se colocan cuatro velas formando una cruz, representan los cuatro puntos cardinales, ayudando al alma a orientarse.
Calaveritas: ya sean de azúcar o chocolate, evocan la muerte desde la perspectiva de las culturas mesoamericanas.
Copal e incienso: usados para limpiar el espacio de malos espíritus, su fragancia es una forma de respeto y reverencia que permite que las almas entren a la casa sin peligro.
Flores: especialmente el cempasúchil, cuyas tonalidades amarillas se relacionan con el Sol. Se acostumbra trazar senderos de pétalos desde la calle hasta el altar para guiar a los difuntos. También se usan alhelíes y nubes en altares infantiles por su simbolismo de pureza y ternura.
Pan de muerto: simboliza fraternidad y afecto hacia los difuntos; puede presentarse en diferentes formas y tamaños.
Papel picado: representa el aire, uno de los cuatro elementos que deben estar presentes en cualquier altar.
Comida y bebida favorita: la ofrenda también se prepara para deleitar a los muertos con sus platillos predilectos.
Retrato: la fotografía identifica a quién se dedica la ofrenda, invitando a esa alma a regresar a casa.