Localdomingo, 9 de marzo de 2025
Mujeres policías: la historia que viven entre el deber, la lucha y el sacrificio
En su mayoría son madres solteras y el reto más grande ha sido abandonar a sus hijos de pequeños
Thiaré García / El Heraldo de Chiapas
En su mayoría son madres solteras y el reto más grande ha sido abandonar a sus hijos de pequeños
Thiaré García / El Heraldo de Chiapas

Ser mujer policía es más que portar un uniforme, es cargar con historias de sacrificio, valentía y renuncias. En este mes de la mujer, la voz de Carolina López Aguilar y Nelvy Velasco Coello nos recuerda que detrás de cada mujer que sirve a la sociedad, hay una historia de lucha que merece ser contada.
La primera vez que Carolina López Aguilar sintió miedo como policía no fue cuando la enfrentaron con armas, sino cuando entendió que debía dejar a sus hijos durante meses para cumplir su deber. Fue en la zona Altos de Chiapas, poco después del levantamiento zapatista en 1994, cuando su vida pendió de un hilo en Altamirano.
“Nos alojaron en un auditorio, éramos 60 mujeres policías, sin más protección que nuestros escudos y acrílicos. De repente, se apagaron todas las luces del municipio y lo único que escuchamos fue el estruendo de lo que parecían disparos. Nos preparamos para lo peor, con la respiración contenida… pero eran cuetes, solo querían asustarnos”, recuerda.
Con un nudo en la garganta, Carolina relata que de las cosas más difíciles que tuvo que pasar fue dejar a sus hijos, pero el miedo nunca la hizo retroceder. Ni cuando su trabajo la alejó de sus hijos por semanas, ni cuando su vida estaba en riesgo. “Fui madre y padre. Me perdí sus risas, sus primeros pasos, muchas navidades, pero nunca supe de excusas. Ellos aprendieron a verme como una mamá guerrera“, dice Carolina con una sonrisa que esconde el peso de los años.
Ahora, como jefa de recursos humanos, ve a nuevas generaciones de policías y recuerda aquellas noches en las que dormía con las botas puestas, lista para lo que viniera. “Hoy, al menos, las cosas han cambiado un poco. Aún falta mucho, pero me llena de orgullo ver que las mujeres policías ya no somos invisibles“, dice con firmeza.
En su momento, Nelvy Velasco Coello también formó parte de operativos, pero con el tiempo cambió las botas por un delantal. Ahora, desde la cocina del Instituto de Formación Policial, alimenta a más de 50 elementos por turno, asegurándose de que no salgan a la calle con el estómago vacío.
“Algunos creen que la cocina es un trabajo sencillo, pero aquí también se necesita fuerza. Somos 10 personas preparando tres comidas al día, y sabemos que lo que hacemos es esencial para ellos”, dice mientras se ajusta el mandil y medio sonríe.
Pero antes de llegar ahí, pasó 33 años patrullando, enfrentando desalojos, ayudando a mujeres en riesgo, protegiendo a niños en medio de conflictos. “Cuando salíamos, los hombres iban por los varones y nosotras nos encargábamos de mujeres y niños. No sabíamos a qué nos enfrentaríamos, pero siempre estuvimos ahí”, recuerda.
Ser policía la obligó a perderse gran parte de la infancia de sus hijos. “Antes no había horarios de ocho horas. Trabajábamos hasta que terminara el operativo, y eso podía significar días. Pero lo más difícil no era estar en peligro, sino no estar en casa“, confiesa.
Ahora, desde su nuevo rol, encuentra consuelo en el hecho de que puede ver más seguido a su familia. “Mis hijos crecieron, se formaron y hoy sé que todo valió la pena. Pero si me preguntas si volvería a ser policía operativa, la respuesta es sí. A pesar de todo, lo haría de nuevo”, dice con orgullo.
Carolina y Nelvy son el reflejo de muchas mujeres que han dado todo por la seguridad de su comunidad. Madres que se pierden cumpleaños, esposas que duermen solas, hijas que dejan de ver a sus padres. Pero también son mujeres que, con cada sacrificio, construyen un legado de resistencia.
Sus historias nos recuerdan que la lucha no solo está en las calles, sino también en la vida cotidiana de cada mujer que se atreve a desafiar los límites. Porque ser policía no es solo un trabajo, es una forma de vida, además que en su mayoría son madres solteras que han sacado adelante a sus hijos. En cada uniforme hay una historia que merece ser contada.