Para este sábado 4 de abril de 2026, se esperan lluvias intensas en la Selva Lacandona, Altos Tsotsil Tseltal y Soconusco, además de un evento de Mar de Fondo y riesgo de incendios
Un camión de la empresa Avimarca volcó y cayó a un barranco de 40 metros en Jiquipilas, resultando nueve personas lesionadas, dos en estado grave, y movilizando a cuerpos de emergencia y autoridades locales
La SSP junto a Fuerzas Armadas y Fiscalía detuvo a siete personas armadas en Jiquipilas vinculadas con una agresión a policías el 1 de abril, asegurando armas y narcóticos durante un operativo coordinado
Migrantes en puntos estratégicos de Tuxtla / Foto: Isaí López / El Heraldo de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, se ha convertido en un paso obligado para migrantes internacionales en su ruta hacia la frontera norte de México, en su sueño de llegar a los Estados Unidos. Están dispersos en las calles y plazas, y les resulta complicado conseguir dinero y trabajo. Muchos venden paletas de dulces, mientras que los pasajeros de las combis piden su apoyo. Existe solidaridad, pero también rechazo; en calles y avenidas hay letreros de discriminación y xenofobia. En algunos hogares, familias han salido muy enojadas y molestas por la presencia de migrantes, especialmente en la esquina de la 15 Sur con Cuarta Calle Oriente, aunque no lograron ofrecer declaraciones.
Es posible localizarlos desde el libramiento sur hacia Suchiapa o Cuarta Calle Oriente, donde ingresan al centro comercial. Sus recursos son escasos, y apenas les alcanza para comprar bolillo. Hay familias de hasta diez integrantes, así como matrimonios y personas solas como Verónica Garcés, de Panamá, quien lleva un mes y medio en Tuxtla Gutiérrez. Ella dejó en su país a su esposo y tres hijos y a veces se queda a dormir en la plaza central de la ciudad. Otros migrantes que ingresan al centro comercial solo pueden comprar agua, y si no hay suficiente para todos, prefieren atender a sus hijos.
En la Cuarta Calle Oriente, entre 18 y 14 Sur, se encuentra la zona de mayor aglomeración, donde los migrantes enfrentan la lluvia y el calor. Ahí han recibido comida en malestado; aunque lo perdonan, lamentan la situación. En esta área hay por lo menos 400 personas, de las cuales alrededor de 150 son menores de edad, y la mayoría teme hablar con los medios de comunicación.
Migrantes en tuxtla / Foto: Isaí López / El Heraldo de Chiapas
La señora Yoali Martínez, de 20 años, viaja desde Venezuela con su esposo de 24 años y sus dos hijos. Ella comparte que es muy difícil migrar, y el mayor trauma es para los niños, quienes se han enfermado con diarreas, vómitos y fiebre. "Para llegar a un futuro mejor, hay que sufrir. Vamos con sueños e ilusiones, y abandonamos nuestro país por necesidad", dice.
Por su parte, Héctor Ceballos menciona que los migrantes necesitan ayuda, solidaridad y humanidad de la gente. Llevan dos meses y medio en la ruta hacia los EstadosUnidos y desea triunfar. Una vez que reúna el dinero necesario, viajará con su familia a la Ciudad de México, donde pernoctarán un tiempo. En TuxtlaGutiérrez, venden paletas de dulces desde el amanecer hasta que anochece, y duermen bajo lonas en la esquina de la 15 Avenida Sur con Cuarta Calle Oriente.
José Mosquera y Daniel Sangrone, también de Venezuela, limpian parabrisas en el libramiento sur, esquina con la carretera a Suchiapa. Cada uno necesita reunir 7 mil pesos por persona; el primero logrará juntar 14 mil pesos para su viaje y el segundo, 21 mil pesos. Dicen que les llevará al menos un mes de trabajo intenso conseguir el dinero. José lleva dos meses viajando, y Daniel, seis. Aspiran a llegar a la UniónAmericana para cambiar sus vidas, su destino y su futuro. Solo piden solidaridad y empatía de la gente, que se dejen limpiar el cristal de sus autos y que colaboren con un peso.
En la esquina de la 14 Sur con Cuarta Calle Oriente, un grupo de cinco mujeres cocina en la banqueta. Preparan chuleta de puerco con plátanos, arroz y tortillas, y reciben aportaciones económicas para las bebidas. Ellas preparan alimentos para sus familias y comentan que han pasado semanas, incluso meses, sin comer carne.
Una de ellas, Daniela, se presenta como la supervisora del grupo. Junto a Carmen, Marisela, María y Amelia, agradecen a Dios por la vida y el aire, afirmando que Él es su rey de reyes y señor de señores, quien los sostiene en el camino. "La gente nos ha colaborado bastante", dicen, y lo que piden es comprensión, ayuda y trabajo para quienes puedan hacerlo.