“Nos van a matar”, dijo mamá
Testimonio de Catarina López, una joven víctima de la violencia
Ricardo Del Muro
Aquella noche, hace dos años y seis meses, cambió violentamente la vida de Catarina, una jovencita, de 16 años que estaba por concluir sus estudios en la Escuela Secundaria Técnica número 100, en el ejido Puebla, municipio de Chenalhó.
Es difícil hablar del futuro. Permanecen en la “Mactumatzá” esperando el cambio de gobierno. Tienen la esperanza de que el nuevo gobernador Rutilio Escandón resuelva el conflicto de su localidad y puedan regresar a sus lugares de origen.
Recuerda que aquella noche, cuando su madre le dijo que estaban en peligro de que las asesinaran, preguntó: “¿Por qué? Si nosotros no hemos hecho nada…”
- Pues no te van a preguntar si has hecho algo o no has hecho nada -, le contestó mientras tomaba de la mano a sus cuatro hermanitos y abandonaron su vivienda, cerrando –como si de algo sirviera– con candado la puerta.
Al paso de los años supo que esa violencia se desató por un conflicto político entre el PVEM y el PRI, donde los matones, que ellos llaman “paramilitares” son simpatizantes de Rosa Pérez Pérez, actual presidenta municipal de Chenalhó.
Su padre salvó la vida porque, milagrosamente, estaba fuera de la comunidad. Al mediodía le llamaron a su celular, pero no entró la llamada. Esperaban ayuda, pero todos estaban encerrados en sus viviendas y tampoco había transporte.
Su única alternativa fue correr a esconderse en el monte. Cuando empezó a oscurecer, como a las 6:00 de la tarde, abandonaron su comunidad sigilosamente, sin nada más que la ropa que traían puesta.
Caminando en la noche llegaron a una comunidad vecina, donde lograron conseguir un transporte para llegar a la cabecera municipal de Chenalhó, donde se refugiaron temporalmente, para después seguir a San Cristóbal. Así comenzó la historia del éxodo que hoy no termina.


























