El investigador precisó que, tras dos años y medio de abandono, el sitio reabrirá al público el próximo 21 de marzo. “Toniná nuevamente renace, vuelve a abrir después de una época de oscuridad, lo cual será maravilloso”, expresó.
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El sitio arqueológico se ubica a 23 kilómetros de la cabecera municipal de Ocosingo / Cortesía / Jesús Araujo
El arqueólogo Juan Yadeun, responsable del proyecto de investigación en la Zona Arqueológica de Toniná, en el municipio de Ocosingo, por parte del INAH, destacó la importancia de este sitio para Chiapas, México y el mundo, además de describir algunas de las áreas del complejo, ubicado a 23 kilómetros de la cabecera municipal.
Asimismo, explicó la estrecha relación entre el Juego de Pelota y la sociedad antigua. Detalló que este espacio era inundado mediante un sistema de canalización de agua de lluvia, lo que permitía recrear el mar primordial del cual surgió el universo maya.
Esculturas y relieves muestran la historia religiosa y bélica del sitio / Cortesía / Jesús Araujo
En el marco de la reapertura del sitio, señaló que, una vez que el agua era liberada, iniciaba el espectáculo. “Lo primero que aparece son tres discos que funcionan como marcadores de los extremos del movimiento del sol y de las estrellas, de oriente a poniente y de norte a sur”, explicó, al destacar su relación con el Popol Vuh y las leyendas del México antiguo.
El arqueólogo abundó, en las instalaciones del INAH en Tuxtla Gutiérrez, que, como en otros sitios arqueológicos, existe una decoración vinculada al Popol Vuh, mitos y tradiciones, la cual posteriormente fue reemplazada por una iconografía relacionada con la historia de la ciudad, sus guerras y sus gobernantes, como ocurre en Toniná y Palenque.
Añadió que la cancha del Juego de Pelota estaba ligada a la renovación y el renacimiento de los gobernantes. Explicó que tres esculturas ubicadas en el centro representan a personajes que murieron y pasaron por un proceso de transformación. En la parte superior del sitio se encontró una cripta donde sus cuerpos eran convertidos en bultos mortuorios, lo que confirma la relación del espacio con el culto a los ancestros, quienes eran considerados deidades del maíz.
Toniná es uno de los asentamientos mayas más importantes de Chiapas / Cortesía / INAH
La cancha no solo era un espacio de juego, sino un punto clave dentro del movimiento cultural y científico de Toniná. Según el especialista, tras 360 días, estos bultos mortuorios adquirían gran valor simbólico, convirtiéndose en reliquias para templos y construcciones.
También destacó que en este espacio existen representaciones de la guerra entre Palenque y Toniná, incluyendo escudos de influencia teotihuacana y escenas de cautivos antes de ser sacrificados. “Aquí se concentra tanto la historia religiosa como la bélica de Toniná”, enfatizó.
De acuerdo con el arqueólogo, hacia el año 699 inició una etapa de expansión que se extendió hasta el 770, periodo en el que Toniná conquistó más de 60 capitales mayas. Posteriormente, alrededor del año 840, el sitio experimentó un periodo de abandono asociado al llamado colapso maya, aunque fue reocupado hacia el año 900 después de Cristo.
Toniná fue una de las ciudades mayas más poderosas de su época / Cortesía / Jesús Araujo
En esta nueva etapa, la ocupación fue marginal, limitada a la fachada de los templos, mientras que las partes traseras se dejaron como montañas. La escultura se volvió austera y las deidades adoptaron representaciones más sencillas. Hacia el año 910 se registró un nuevo abandono, y alrededor del 1400 se dio una breve ocupación por un cacicazgo dedicado a recuperar objetos.
Más tarde, Toniná fue abandonada completamente hasta que, hacia el año 1700, se registró una destrucción generalizada de esculturas, muchas de las cuales fueron encontradas fragmentadas o decapitadas. “Hemos recuperado la mayoría de esos fragmentos y reconstruido las esculturas que hoy se encuentran en el museo y en las bodegas de Toniná”, explicó Yadeun.
Finalmente, indicó que el sitio ha tenido múltiples etapas de ocupación y reocupación. A partir de 1980, el INAH inició trabajos de reconstrucción, restauración y habilitación que se extendieron por más de 40 años, logrando recuperar plazas, palacios del lado oeste, los trece templos de la superficie del cielo, la gran escalinata y la cancha del Juego de Pelota.