Programa Nacional de Restauración proyecta intervenir más de 64 mil hectáreas en Chihuahua; Juárez figura como zona prioritaria
Más del 70 por ciento del territorio estatal presenta algún grado de degradación del suelo por erosión hídrica y eólica, sobrepastoreo, expansión urbana, actividades industriales y pasivos mineros históricos, señaló Semarnat
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Chamizal aparece como proyecto prioritario de rehabilitación ambiental urbana / Foto: Enrique Castillo / El Heraldo de Juárez
El Programa Nacional de Restauración Ambiental 2025-2030 ubica a Chihuahua como una de las entidades con mayores niveles de deterioro ambiental del país, señalando que más del 70 por ciento de su superficie presenta degradación del suelo por erosión hídrica y eólica, sobrepastoreo, expansión urbana, actividades industriales y pasivos mineros históricos.
El diagnóstico elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) advierte procesos avanzados de desertificación, pérdida de cobertura vegetal y disminución de biodiversidad, especialmente en la franja norte y zonas áridas.
El plan establece como meta intervenir más de 64 mil hectáreas en Chihuahua entre 2025 y 2030 mediante proyectos de restauración productiva, ecológica y urbana, con metas anuales progresivas. Las primeras acciones piloto iniciarán en el segundo semestre de 2025, con ampliación en 2026 y 2027, y consolidación hasta 2030.
En Ciudad Juárez, el Parque El Chamizal aparece como proyecto prioritario de rehabilitación ambiental urbana. El documento identifica degradación de suelos, compactación, pérdida de cobertura vegetal, fragmentación de áreas verdes y aumento del efecto de isla de calor.
La intervención contempla revegetación con especies nativas resistentes a la sequía, mejoramiento de suelos, rehabilitación de sistemas de riego eficiente, creación de corredores biológicos urbanos, manejo de residuos y recuperación de zonas impactadas. La primera etapa está programada entre 2025 y 2027, con seguimiento técnico hasta 2030.
La restauración urbana en Juárez se justifica por el estrés hídrico severo, la presión demográfica y la reducción de servicios ecosistémicos. El programa prevé fortalecer infraestructura verde, incrementar cobertura arbórea y mejorar la infiltración de agua para mitigar efectos del cambio climático.
La intervención contempla revegetación con especies nativas resistentes a la sequía / Foto: Enrique Castillo / El Heraldo de Juárez
En el ámbito ecológico, la Reserva de la Biósfera Janos es señalada como zona prioritaria por su biodiversidad y ecosistemas de pastizal. El documento advierte sobre sobrepastoreo, fragmentación del hábitat y pérdida de cobertura vegetal. Las acciones programadas de 2025 a 2030 incluyen restauración de pastizales nativos, control de especies invasoras, exclusión temporal de ganado en polígonos críticos, obras de conservación de suelo y agua, y monitoreo ecológico multianual.
El Río Bravo es otro punto estratégico por su relevancia hídrica y condición transfronteriza. El diagnóstico identifica erosión de riberas, reducción de caudales, contaminación y pérdida de vegetación ribereña. El plan contempla restauración de márgenes, revegetación con especies nativas, acciones de saneamiento y control de descargas, con ejecución escalonada hasta 2030.
En la ciudad de Chihuahua se incluye la Planta de Ávalos, reconocida por antecedentes de contaminación industrial. El proyecto plantea remediación de suelos contaminados, manejo y confinamiento de residuos peligrosos y recuperación ambiental del polígono para reducir riesgos sanitarios.
El documento incorpora además varias zonas mineras con pasivos ambientales acumulados. En La Morita y Bismark, ubicadas en Ascensión, se prevé estabilización de suelos alterados, revegetación y control de erosión.
En El Sauzal, en Urique, y Palmarejo, en Chínipas, se plantean acciones de restauración del paisaje, estabilización de jales y monitoreo ambiental. En Naíca, en Saucillo, el proyecto contempla control de escurrimientos, revegetación y manejo de residuos mineros.
También se incluyen intervenciones en Cusihuiriachi, donde se reporta degradación asociada a actividades extractivas históricas, y en San Francisco del Oro, con impactos acumulativos en suelo y agua derivados de la minería. En ambos casos, la restauración considera estabilización física de terrenos, recuperación de cobertura vegetal nativa, control de erosión y monitoreo técnico continuo.
Además de estos sitios específicos, el programa contempla restauración de suelos degradados en zonas áridas y semiáridas del estado entre 2025 y 2028, mediante revegetación con especies nativas, construcción de obras de retención de suelo y agua, exclusión temporal de actividades ganaderas en áreas críticas y evaluación anual de avances. De 2026 a 2029 se ejecutará un programa de reforestación en microcuencas prioritarias con técnicas de captación de lluvia y protección contra erosión.
El documento justifica la intervención en Chihuahua argumentando que es uno de los estados con mayor vulnerabilidad frente a sequías prolongadas y eventos extremos. La pérdida de cobertura vegetal ha reducido la infiltración de agua y aumentado la erosión, afectando productividad y disponibilidad hídrica. La meta estatal forma parte del compromiso nacional de restaurar millones de hectáreas al 2030.
El programa establece que todas las acciones deberán ejecutarse con coordinación entre federación, estado y municipios (incluido Ciudad Juárez), con participación comunitaria y evaluación técnica periódica para medir sobrevivencia de especies plantadas, recuperación de suelo y mejora de servicios ecosistémicos.