Desaparece media laguna El Corcho; mueren cientos de miles de peces en Aztlán
La comunidad El Cuy, en Aztlán Segunda Sección, denuncia que la mitad de la laguna El Corcho se secó por el cierre de una compuerta controlada por un ejidatario, provocando la muerte de cientos de miles de peces
Osvaldo García / El Heraldo de Tabasco
La laguna
El agua viene desde el río Grijalva, baja al río Chilapilla y después busca la laguna. Pero en el trayecto una compuerta con candado bloquea el paso, deteniendo el ciclo natural. Lo que antes era un corredor fluvial ahora es una frontera cerrada.
La compuerta fue construida por Conagua, según relatan los habitantes, con la finalidad de contener inundaciones en épocas de crecida. Sin embargo, cuando el agua ha querido entrar en tiempos de sequía, los pobladores aseguran que les cierran el paso.
Comunidad afectada
Y es que aquí el pescado no es solo alimento: es moneda, es jornada, es trabajo. Cuando se pierde, se pierde más que el pez. Se pierde el día.
Conflicto por la compuerta
Donde debería fluir el agua, hay muerte. Una compuerta metálica bloquea el cauce entre el río Chilapilla y la laguna El Corcho, cerrada con candado y cadena según denuncian los pobladores.
Entre estos dos puntos un arroyo que sirve de medio para traspasar el agua parece un cementerio a cielo abierto con esqueletos de pescados y decenas de chombos comiendo los cadáveres a los lados, mientras las garzas sacan el pescado ante el bajo nivel de la superficie.
La compuerta no se cierra sola: tiene nombre. Se llama Filiberto Paz, comisariado ejidal, acusado por las familias de apropiarse del control del paso de agua.
Las voces de la desesperanza
En El Cuy, no se habla solo de agua. Se habla de hambre, de hijos que esperan comida, de becas que se evaporan antes de ser cobradas.
José de la Cruz González Sánchez dice que su vida es la pesca, que el jornal es precario y el trabajo casi inexistente. No hay opciones. Solo agua… cuando hay.
Ángel de Jesús González Hernández, joven del lugar, cuenta cómo la compuerta se cierra cada vez que el río crece.
“Nos la cierran y no entra el agua a la laguna”, repite con resignación. Menciona los meses más crueles —marzo, abril, mayo y junio— en los que el sol castiga y la sequía se instala.
“Se pierden alevines, mojarra, carpa tenhuayaca, carpa bobo... de todo tipo de peces se pierde aquí”, señala.
Y aunque el Ayuntamiento les entrega pescado, “de nada sirve que nos lo dé porque el señor viene y nos cierra y se nos seca la laguna”, lamenta.
Petrona Aguirre Reyes, de 62 años, lleva casi medio siglo en la ranchería. Habla del pasaje a Villahermosa como si fuera un lujo que no se puede dar para buscar una alternativa d empleo.
“Si gastas 60 pesos en el viaje de ida y vuelta y comes algo, y te pagan 200, ya no te queda nada”, explica.
Hay padres que tienen seis o siete hijos y cuando les llega la beca “ya la deben toda”.
También recuerda que antes, cuando Conagua no había instalado la compuerta, el agua fluía sin problema.
“Ellos compran el candado y la cadena para ponérselo... según él (Filiberto) dice que Conagua le dio papeles firmados, pero nunca ha mostrado nada.”
Andrés Carrasco Hernández resume lo que todos temen: “Se nos murió todo el pescado.”
Dice que rechazaron más pescado porque ya no había dónde echarlo. “En abril todavía había agua”, recuerda, pero tres meses bastaron para que todo se convirtiera en polvo.
Se reunieron con el comisariado ejidal para pedir que cerrara la compuerta… pero les negó la ayuda. Y hoy, la laguna es terreno.
Hacen un llamado de auxilio
El Cuy, entre pasto reseco y escamas muertas, las voces se levantan con urgencia. La esperanza de poder cultivar nuevamente sus peces se desvanece con cada día que la compuerta permanece cerrada, dejando sus redes vacías y sus mesas sin el sustento vital.
Después de recorrer toda la comunidad, se buscó a la delegada María de Jesús para que compartiera su opinión, sin embargo declinó dar entrevista, y al propio comisariado ejidal Filiberto Paz, quien no dieron seña de su paradero en su casa.
Los pescadores afectados hacen una súplica urgente al gobernador Javier May y a la presidenta municipal Yolanda Osuna Huerta: una intervención que rompa el candado de la compuerta y devuelva el agua a la laguna








































