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Localmartes, 6 de abril de 2021

De noche de copas a cita con la muerte

Luis Jorge jamás pensó que su encuentro con un “ligue” conseguido en un antro, terminaría en tortura y días después, con su deceso

Ángel Vega / El Heraldo de Tabasco

Aquella noche, intempestivamente, decidió pedirle al taxista que cambiara de rumbo. Lo que ese hombre no presentía, es que con esta decisión estaba sellando su destino.

El sábado 28 de enero del año 2006, el trabajador petrolero Luis Jorge Pérez Magaña (su nombre ha sido cambiado), se sentía con suerte; pretendió divertirse y acaso encontrar alguna dama deseosa de compartir con él sus favores bajo el discreto cobijo de la madrugada.

Pero en lugar de eso, el petrolero fue hallado inconsciente en el interior de una de las habitaciones del hotel Eclipse, de la colonia Casa Blanca.

En la víspera, Luis Jorge había iniciado una juerga que arrancó acompañado por varios de sus compañeros, pero que decidió terminar en solitario.

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Como ya estaba muy pasado de copas, lo pusieron en un taxi para que lo llevaran a su casa, no sin antes anotar las placas. Pero unas calles más adelante, Luis pidió al chofer que tomara rumbo al antro denominado “Salsa”.

Allí continuó la parranda, hasta que comenzó a invitar a bailar a varias de las mujeres que estaban "disponibles".

Aproximadamente a las seis de la mañana, salió del lugar acompañado de una mujer "bajita", según las declaraciones de un testigo.

“Como que sí me acuerdo de él, (aunque) aquí vienen muchos así, nomás a ver que pescan. Y ya ebrios, agarran lo que sea”.

Luego de bailar y beber algunas copas, la pareja tomó un taxi, posiblemente con rumbo al hotel. Ya nadie volvió a ver a Luis Jorge hasta las siete horas de ese día, cuando la recamarera “tocó a la puerta para ver si al inquilino no se le ofrecía algo”.

El silencio fue su única respuesta. El cuerpo del hombre estaba tapado con una sábana. Parecía roncar plácidamente mientras dormía la mona, pero en realidad, el petrolero agonizaba, sumido en un letargo de muerte.

EL MODUS OPERANDI

La hipótesis de la policía apuntaba hacia un callejón sin salida, al no contar con una descripción completa o mayores datos sobre la dama que “enganchó” al petrolero.

Aprovechando la embriaguez de su víctima, la mujer arroja una misteriosa sustancia en la bebida. Luego, una vez inconsciente, al infortunado le roban el dinero y las tarjetas de crédito.

Estas sustancias pueden ser benzodeacepinas, o simplemente gotas oftálmicas que tienen en su fórmula un componente llamado ciclopentolato. Combinado con alcohol, este compuesto actúa como un poderoso depresor del sistema nervioso.

Es decir, puede convertir una simple copa de licor en un verdadero coctel de la muerte. Luego de ingerirla, las víctimas generalmente mueren por infartos, falla sistémica, edemas pulmonares o bronco aspiración. Es decir, asfixiadas con su propio vómito.

Con este coctel mortífero, las “goteras” han asesinado a más personas que la ley a reos sentenciados en el pabellón de la muerte.

LA TORTURA

Desgraciadamente para Luis, la ingesta de gotas era sólo el principio. La mujer con la que entró, según los empleados del hotel, abandonó el lugar apenas media hora después de registrar su ingreso, cargando “una maletita” y dejando a su víctima herida de muerte.

A 15 años de ocurrido el crimen, él o los autores aún están impunes. Y quedan varios cabos sueltos. Por ejemplo: la policía no se explica cómo una mujer sola pudo someter de aquella manera a un hombre corpulento, incluso a pesar de estar drogado.

Y como pasa siempre en estos casos: en el lugar del crimen nadie vio ni escuchó nada.

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