“Él fue maestro de mucho de los artesanos que existen ahora, aunque no le llegan”, asegura.
Conforme la gente fue aprendiendo en Miguel Hidalgo los puestos fueron abriendo hasta que una navidad ya casi toda la comunidad lucía piñatas afuera de sus casas.
“Ya no vive ¿Qué quiere usted?”
“Una piñata.”
“¿En cuántos días viene por ella? Pero me deja anticipo porque yo de dónde agarro, mi esposo ya murió.”
La mujer que recuerda con orgullo a su esposo asegura que mantendrá viva su tradición hasta que Dios le de vida, y cuando ella muera la continuará su hijo.
Si deseas ayudar a la familia del primer piñatero puedes acudir a su casa en la carretera Tecolutilla-Miguel Hidalgo, en la primer esquina de la entrada al Cocohite.
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Piñatas en la carretera Tecolutilla-Miguel Hidalgo, unas acabadas y otras en elaboración. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
En diciembre, la carretera Tecolutilla-Miguel Hidalgo luce llena de colores y formas navideñas a la altura de la comunidad Miguel Hidalgo, conocido como el pueblo de las piñatas de Tabasco en el municipio de Comalcalco.
Más de 20 familias se dedican a la elaboración de esta artesanía mexicana, cinco de las cuales fabrican todo el año; pero en el último mes, casi todas en la demarcación las ponen en exhibición, dando un aire de pueblo mágico a lo largo de este tramo.
Si pones atención al camino, aparte de los talleres sobre la carretera, puedes observar en los patios de las casas por doquier a alguno que otro armando las últimas, estructuras secando bajo el sol, antes de pasar al decorado que es el último paso para ponerlas en venta.
En diciembre muchas casas de Miguel Hidalgo se convierten en talleres de piñatas. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Encuentras de todos los tamaños, desde las que entran en la palma de la mano hasta las gigantes que necesitas una escalera para meterle los dulces. De todas las formas, en especial las navideñas por la temporada: de estrellas, santas, renos, etc.
Estando aquí descubrimos el secreto de la dulcería más famosa de Tabasco, que cuenta con más de 80 sucursales en cinco estados, además de compradores de diversos municipios locales como Jalpa de Méndez, Cárdenas, Paraíso, Cunduacán, Jonuta, Nacajuca, e incluso de vecinos como Chiapas y Campeche... vienen a comprar las piñatas aquí.
Desde las más chiquitas hasta las gigantes se encuentran las piñatas a lo largo de este coredor. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Liz Córdoba atiende el primer local de este colorido corredor. Su familia lleva 35 años haciendo piñatas, su papá inició esta tradición, aprendió ella, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos y ahora la tercera generación con sus hijos.
Su taller está repleto de todos los tamaños. Se encuentran en la etapa de decorado de las últimas. Este año hicieron 700. Para poder lograrlo tienen que empezar a trabajar desde seis meses antes. Tan solo en una gigante se llevarían una semana única y exclusivamente en esa, “si el sol está bonito”... hicieron 50.
“Son las más tardadas por la bola, hacemos los globos, le ponemos papel, la ponemos al sol, la volvemos a meter, ya que está seca le ponemos otras capas, otra vez al sol y así. Por eso nos preparamos desde meses antes”, detalla.
Liz Ricardez atiende su taller junto con su familia donde elaboran cientos de piñatas. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
En mayo empiezan la fabricación para aprovechar el sol. Elaboran las piezas en serie primero como los picos para las de estrella. Entre agosto y septiembre arman las estructuras para que a finales de noviembre y principios de diciembre decoren para tener todas listas antes de las posadas.
Liz dice que esta es la diferencia en el precio. Mientras que los piñateros que las fabrican desde cero las pueden dar más económicas, los que las venden más costosas es porque compran las estructuras ya hechas solo para decorarlas.
Si llegas en estas fechas puedes ver todavía a lo largo de este corredor trabajando a las familias en los últimos detalles. Uno tiene listas 700 bajo pedido, pero calcula cerrar el año con 1000 y para darse abasto tiene que comprar a sus vecinos.
Todas las familias trabajan con meses de anticipación para tener listas los cientos piñatas que ofrecen. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Otro tiene en exhibición una hermosa piñata gigante colgando en la entrada de su casa, al lado otra esperando a ser decorada se seca sobre un automóvil casi del mismo tamaño. En el pórtico de su casa cuelgan dos en la misma siuación, al igual que dentro de su sala y en el patio.
Y así sucesivamente hasta llegar a la última piñatería Fuente de Vida con más de 20 años dedicándose a esta actividad en esta temporada como la mayoría que aprovechan diciembre. Pero, ¿Cómo inició esta tradición en toda la comunidad?
Piñatas multicolores de todos los tamaños se pueden encontrar en esta comunidad. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
A finales de la década de 1960, cuando las piñatas eran de barro y un poco peligrosas para los niños, José Luis Reyes López abandonó su natal Miguel Hidalgo en busca de mejorar su calidad de vida partiendo al Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Ahí estudió en una escuela de oficios múltiples donde aprendió mecánica automotriz, repostería, hojalatería, enfermería, belleza, tapicería, alta cocina y artesanías de papel. Aunque no obtuvo una certificación oficial, sí adquirió un conocimiento que se volvió invaluable con su gran imaginación que manifestó a través de sus manos.
Regresó a Comalcalco donde puso en práctica todo lo aprendido, pero en especial uno que resonaba con la algarabía tabasqueña, la elaboración de artesanías. Empezó a fabricar piñatas en la casa de la señora María Rodríguez Ricárdez, convirtiéndose en proveedor de la señora Gloria Rodríguez Ricárdez que mostró al público por primera vez el talento de José con sus diseños pintorescos de papel como la alegría choca.
Don José Luis Reyes López en una enrama en Comalcalco, Tabasco. / Viviann Garpe
Durante años continuó así hasta 1970 cuando decidió que debía compartir su conocimiento y se integró al Instituto de Enseñanzaspara Adultos donde transmitió sus saberes. Recibió críticas e insultos por estas acciones ante la resistencia que provoca todo lo nuevo, pero no desistió.
Esta persistencia y vocación lo convirtió en un maestro artesano. Hacía piñatas y flores de papel, altares, nacimientos, abanicos de bejuco. Su creatividad fue solicitada para hacer carros y barcos alegóricos para las embajadoras logrando primer y segundo lugar en dos ocasiones para su municipio.
Hace 4 años falleció, su tumba en el panteón de su comunidad manifiesta su pasión con una pequeña piñata colgando en lo alto de su bóveda. Su esposa, Eloida de la Cruz Izquierdo, lo recuerda con orgullo cuando habla de él.
La Tumba dotde descansan los restos de José Reyes tiene una piñata colgando como un memorial de su legado. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Su pareja en vida destaca que el valor de José en la elaboración de piñatas radicó en su imaginación para crear el molde que actualmente utilizan todos los fabricantes en la comunidad, “él tenía una cabecita. Qué bárbaro”.
La idea la trajo del Distrito Federal, pero aquí imaginó cómo hacerlas hasta que lo logró. Empezó con una sencilla, luego con otro tamaño, después vinieron las figuras y ya nada lo detuvo.
Doña Eloida ayudó a su esposo a seguir elaborando piñatas cuando enfermó. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Eloida muestra fotos de todos los eventos en los que participó, de sus creaciones, de sus clases, de las graduaciones de sus alumnas. Enseñó en toda la zona: en Tular, Chichicapa, El Zurdo, en el Guayo toda la gente hace florería gracias a él.
Cuando José falleció su familia decidió dejar de hacerlas ante tanta competencia. El pueblo ya había adquirido fama y su vivienda no está sobre la carretera principal. Pero la gente seguía llegando a buscarlo.
Diversas generaciones de la comunidad Miguel Hidalgo y cercanas aprendieron a hacer artesanías siendo alumnos de don José Luis Reyes López. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Doña Eloida de la Cruz muestra el pico de una piñata. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco
Eloida cuenta que algunos clientes siguen llegando por la calidad de las piñatas. Utiliza un tipo de cartón y papel diferente al resto que cada vez le cuesta más comprarlo. Lamenta que aunque su esposo ayudó a muchos, muy poquita gente ahora los ayuda a ellos. Los que llegan les regalan algo en agradecimiento por lo que les enseñó don José a sus hijos.
Pero la realidad es que su legado continuará por generaciones mientras que los habitantes de Miguel Hidalgo las sigan fabricando. José inspiró a una comunidad que lo rechazó en un inicio. Hoy alrededor de 700 familias en la zona se ven beneficiadas económicamente por la cadena de producción que genera el pueblo de las piñatas, de donde hasta usted querido lector tabasqueño, seguramente ha roto alguna con mucha diversión.
Una imagen donde los recuerdos fluyen. / Foto: Viviann Garpe / El Heraldo de Tabasco