Las carreteras están al borde del colapso. / Francisco Rodríguez / El Occidental
Accesos de la Zona Metropolitana de Guadalajara siguen los pasos de la avenida López Mateos, en horas pico se convierten en verdaderos estacionamientos, con lapsos de hasta una hora de espera para los automovilistas, se inundan con cualquier lluvia y a decir de especialistas están al borde del colapso. Las entradas a la ciudad desde Chapala, la ciudad de México, por la carretera a Nogales, la ruta procedente de Saltillo o de Colotlán están rebasados.
Especialistas denuncian que estamos a nada de repetir lo que sucede en la avenida López Mateos, que conecta con Tlajomulco de Zúñiga —el municipio de la AZMG que más ha crecido en los últimos 10 años— y donde hay 16,849 viviendas que ocupan 853 de las 1,172 manzanas, de acuerdo a datos del INEGI. Por esa avenida se calcula que circulan a diario más de 33 mil vehículos, según el especialista en información estadística y geográfica Carlos Fernando Ruiz Chávez.
Todos los accesos presentan incrementos importantes de obras y construcciones. La carretera a Chapala, o que también es la libre a Ciudad de México, está en remodelación, pero conectará además con el Aeropuerto Internacional Miguel Hidalgo, que se amplía a dos pistas, y la cantidad de hoteles y negocios se ha detonado en la zona.
La carretera a Nogales —que es la prolongación de la avenida Vallarta— se vuelve intransitable cuando hay eventos en el Estadio Guadalajara, sede del equipo de fútbol de Chivas, y el tráfico se prolonga hasta el poblado de la Venta del Astillero. Hay choferes que reportan que han hecho una y hasta dos horas en ese tramo de 12.7 kilómetros, que normalmente se recorría en 10 a 12 minutos.
En la carretera a Tesistán-Colotlán, con salida por Zapopan, recientemente el Tribunal de Justicia Administrativa resolvió otorgarle el cambio de suelo a una constructora, en un primer paso hacia el proyecto de construir 17 mil viviendas en la zona. Esto detonaría la población casi en un 100 por ciento (34 mil viviendas) y es por ello que tanto el gobierno de Jalisco como el ayuntamiento de Zapopan han decidido impugnar.
Y la carretera a Saltillo, quizás la más olvidada, se llena de negocios al menos hasta el tramo donde se reducen los carriles y, por la barranca, ya es imposible crecer. Pero también ya dicha salida presenta en horas pico gran tráfico vehicular y, de paso, carencia de transporte público eficiente.
Los colegios de ingenieros, autoridades y especialistas se concentran en solucionar el tráfico de López Mateos —quizá por su alta plusvalía—, pero el paso de miles de personas en otras zonas de la ciudad se encuentra olvidado. Tal es el caso de la carretera a Colotlán, donde en su trayecto se albergan al menos 20 fraccionamientos y distintas colonias populares del municipio de Zapopan.
Pese a las intervenciones realizadas en la administración anterior sobre esta vía, como la ampliación de carriles y la construcción de un paso a desnivel con glorieta, la situación no ha cambiado del todo, pues cada vez más personas llegan a habitar la zona.
Carlos Montañez, habitante del fraccionamiento Misión Capistrano desde hace cinco años, considera que vivir en esta parte de la ciudad se ha vuelto complicado, ya que el tráfico en la carretera a Colotlán es muy pesado a cualquier hora del día, los siete días de la semana.
“Trabajo en el centro de Zapopan. Son 13 kilómetros que antes recorría en 20 o 25 minutos, pero ahora hago hasta una hora con 20 minutos, a la hora que me preguntes. La zona está rebasada. Recuerdo que el año pasado se restringió la construcción de fraccionamientos, y sí le bajaron, pero sigue habiendo. Ese es el problema: no dejan de construir, siguen llegando personas con autos, y pues así le pueden poner más carriles a Colotlán, pero no van a alcanzar”, señaló Carlos Montañez.
El investigador del Instituto de Políticas Públicas del CUCEA, Harold Dutton Treviño, indicó que la urbanización se encuentra descontrolada y que crear más carreteras, desniveles o pasos elevados solo atraerá más autos. Considera que apostar por un plan de transporte público bien definido podría ser una solución a largo plazo.
“Está documentado a nivel mundial que, entre más calles hagas y más segundos pisos construyas, lo único que provocas es mayor demanda de autos, y eso pasa en todos los lugares. Se tienen que buscar alternativas, y creo que una de ellas es el transporte público. La opción que se tiene que desarrollar debe enfocarse en un sistema eficiente en cualquier parte de la ciudad”,señaló Dutton Treviño.
Otra de las vías que se podría considerar como de tráfico pesado es la carretera a Nogales. Sin embargo, también se ha convertido en un estacionamiento durante horas pico y valle, es decir, a cualquier hora del día. Zonas como Avenida Vallarta (por Galerías), el Technology Park y la Venta del Astillero son algunos de los puntos más conflictivos para circular.
La falta de un transporte público adecuado en esta zona ha provocado que muchas personas opten por usar motocicleta, pero al ver el peligro por la alta concentración vehicular, han decidido romper el cochinito o pedir un préstamo para adquirir un automóvil. Aunque no mejora sus tiempos de traslado, al menos ya no tienen que esperar por horas el camión.
Araceli González ha vivido toda su vida en Pinar de la Venta. Al llegar a la universidad, enfrentó el desafío de acudir al Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), un trayecto de 8 kilómetros que antes recorría en 20 minutos. Hoy le toma hasta una hora en automóvil, y si usara transporte público, tardaría hasta dos horas.
“Es muy frustrante. Por años hemos pedido que se haga algo para aligerar el tráfico, y simplemente nos ignoran por ser una carretera federal. Nos hemos manifestado, hemos hecho mesas de trabajo, enviado oficios… y no pasa nada. Yo me tengo que levantar a las 4 de la mañana para arreglarme y llegar a mis clases a las 8. Son horas perdidas de mi vida todos los días, solo porque las autoridades no quieren hacer nada y están concentradas en otras cosas como el Mundial”, concluyó.
Aunque los conflictos de tráfico que viven habitantes de colonias como Las Mesas, La Coronilla, La Higuera, Villas de Guadalupe, Mesa de los Ocotes, Indígena y Agua Fría, entre otras situadas por la carretera a Saltillo, no son muy mencionados, esta entrada a la ciudad también lleva años con complicaciones. A diferencia de otras vías, aquí los horarios más complicados son de 7 a 10 de la mañana y de 6 a 8 de la noche.
Alberto Medina vive en la colonia La Coronilla y trabaja en su peluquería en el centro de Guadalajara. Son 12 kilómetros que en auto tomarían 50 minutos, pero como no tiene coche, debe usar el transporte público. En esta zona no hay una ruta fija, por lo que tiene que tomar vagonetas comunitarias hasta el Periférico y de ahí el tren ligero, lo que le lleva hora y media cada día.
“Yo veo las noticias donde hablan de mejorar la movilidad en López Mateos, pero en zonas como esta ni siquiera nos voltean a ver. Creen que aquí no hay problemas, pero deberían ver cómo se pone el tráfico en la mañana y en la tarde-noche. Es muy complicado hacer menos de una hora para salir o llegar a tu casa. Y si a eso le sumas que el camión siempre ha sido un problema porque faltan rutas y unidades, pues se pone peor. Como yo, hay miles de personas en estas colonias que batallamos para llegar a nuestras escuelas o trabajos. Este lado de Saltillo lo consideran el basurero de Zapopan. Estamos olvidados”,finalizó.
Finalmente, la carretera a Chapala —actualmente intervenida para introducir unidades articuladas— pareciera más un proyecto pensado para satisfacer a la FIFA con vista al Mundial de 2026. En esta vía solo se están interviniendo 6 kilómetros (del Periférico al Aeropuerto), dejando con rutas alimentadoras a quienes viven en fraccionamientos y colonias de municipios como El Salto, Ixtlahuacán de los Membrillos, Juanacatlán y Tlajomulco, en el corredor Chapala.
En los últimos años, la carretera a Chapala dejó de ser una vía de paso para convertirse en una zona urbana que alberga a miles de personas que necesitan agilidad en el tráfico para llegar a sus destinos, generalmente en el centro de Guadalajara, ya que en sus alrededores se carece de escuelas, empleos, plazas y centros recreativos. Por ello, muchas personas deben recorrer al menos 29 kilómetros, lo que equivale a hora y media de trayecto.
Lauro Romero, habitante del fraccionamiento La Azucena en El Salto, tarda al menos tres horas en llegar puntual a su trabajo. Refiere que años atrás el problema era la falta de unidades de transporte público, pero ahora es el tráfico el que complica la circulación sobre la carretera a Chapala, especialmente en horas pico.
“La gente cree que el tráfico en la carretera Chapala es por las obras actuales, pero no. El tráfico lleva años, solo que ahora se nota más porque está en el foco por la Línea 5. Pero eso no garantiza que se vaya a aligerar ni que sea eficiente. Las autoridades tienen que hacer algo urgente, porque si no, en unos años, la carretera Chapala se va a convertir en el nuevo López Mateos. Y eso sí no lo podríamos soportar, porque si ahora son hasta dos horas de traslado, con más tráfico y menos carriles se nos van a ir a cuatro”, señaló.
Cada una de estas zonas coincide en dos factores: la urbanización desmedida y un servicio deficiente de transporte público. Ambas condiciones no ayudan a mejorar los tiempos de traslado de quienes las habitan. Mientras López Mateos sigue recibiendo toda la atención —al grado de que el gobernador Pablo Lemus ha convocado mesas de trabajo para buscar soluciones—, las personas que viven en estas otras zonas tendrán que esperar los resultados de un nuevo experimento. Si funciona, tal vez puedan pedir que se replique en sus colonias, que también están colapsadas por el tráfico.