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Localdomingo, 17 de junio de 2018

Ladrillo a ladrillo, construyendo sueños

De sol a sol, Rogelio y Víctor fabrican los bloques para edificar casas, un oficio casi en extinción

Marco Antonio Villegas/Colaborador.

Rogelio Roel Bahena toma el azadón y comienza a preparar la mezcla con la que hará el millar de tabiques que pidió un cliente por la mañana, después de vaciar el agua en el montículo de arena, tramado y barro rojo.

Aunque han surgido otros materiales como el tabicón o la tabla roca, el trabajador asegura que la venta de ladrillos, como también se les llama, sigue siendo buena, pero cada vez son menos los que instalan talleres para elaborar esos productos.

Víctor Mendoza Riqueño es el ayudante de Rogelio. Él, aunque aún no aprende a hacer la mezcla y poner el material en los moldes, se dedica a acomodar los ladrillos en el terreno del taller para que se asoleen antes de meterlos al horno para cocerlos.

Su sueldo es de 250 pesos diarios, 50 menos que el de Rogelio. Los dos aseguran que se trata de un trabajo que les gusta y por el que obtienen buenas ganancias.

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