Análisisviernes, 6 de diciembre de 2024
La Inmaculada Concepción
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En muchos documentos, especialmente de carácter eclesiástico se puede leer “Xalapa de la Inmaculada”, esto es porque a ella está encomendada la Arquidiócesis de Xalapa, si bien porque su bella y antigua imagen se puede observar en el presbiterio de la Iglesia Catedral, también porque son muchos los templos a ella dedicados a lo largo de la extensión de la Iglesia xalapeña.
En el contexto de la fiesta diocesana de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada virgen María, madre de Dios y madre de la Iglesia, es conveniente recordar que ella participó en el misterio de la redención porque así lo ha querido Dios, bondadosísimo y sapientísimo. El cual, queriendo realizar la redención del mundo envió a su Hijo, nacido de una mujer (cfr. Gal 4,4-5).
Ella, desde el primer anuncio del ángel, acogió con temor y temblor reverente, en todo su ser al Redentor. Por esta razón fue redimida del modo más sublime, en atención a los futuros méritos de su Hijo, a quien se mantiene unida con un vínculo estrecho e indisoluble, que la enriquece con la suma prerrogativa y dignidad: ser la madre de Dios Hijo y, por tanto, la Hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo, (cfr. Constitución Dogmática sobre la Iglesia, 53). Así pues, la Iglesia no duda en reconocer que ha sido Dios quien ha querido distinguir a la santísima virgen María con la enorme dignidad de ser la Madre del Verbo encarnado, causa de la que dependen todas las gracias con las que el eterno Padre la ha distinguido.
De este modo, la Iglesia reconoce que María ha sido librada de la corrupción a consecuencia de la muerte porque toda ella es llena de gracia, limpia de pecado. La corrupción del cuerpo es consecuencia de la muerte y la muerte es consecuencia del pecado (cfr. Rom 6,23). Por todo esto, ella se encuentra ya en los cielos en cuerpo y alma (cfr. Constitución dogmática sobre la Iglesia, 68), Dios la ha llenado de todas las gracias. Así lo afirma el Papa Pío IX, cuando sostiene: “la virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente” (cfr. Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, DS, 2803). Así, las fiestas de la Inmaculada Concepción, son el motivo para agradecer el amor de Dios y la intercesión de la santísima virgen María, y poner la mirada muy en alto, donde la confianza y la fe, nos animan a llegar.