[Juntos Crecemos] La pandemia dio impulso a la creatividad
Hace siete años, Araceli Rangel empezó a hacer piezas con papel y ha hecho de este trabajo una fuente de ingresos para su vida
Emmanuel Ruiz / El Sol de Cuautla
“Le decimos el arte en papel, pero es de la familia del origami”, explica Araceli.
Tiene 56 años y es perseverante. Tendría 49 cuando, después de ver una canasta hecha con puros dobleces de papel, se entusiasmó con la idea de aprender a hacer piezas similares, y fue así como se inscribió a un curso:
“Una figura la hago en tres días, porque hay que empezar desde cortar el papel, doblarlo, y una vez que ya se tiene hay que hacer la base, y a partir de eso empezamos a formar la figura”, dice.
Actualmente, la técnica con la que aprendió a hacer las piezas sólo es dominada por cuatro personas en la región, todas ellas mujeres, según afirma. Y aunque hacer el mismo trabajo podría hacernos pensar en alguna forma de competencia, la verdad es que nada de eso.
La pandemia, un empujón de creatividad
Empezó a hacer chinelos justo a principios de la pandemia. Cuando la covid-19 apareció, Araceli tuvo que cerrar su puesto, pero no la llave de la creatividad. Y siguió ideando y elaborando piezas, manteniendo el negocio a través de internet.
Los beneficios del arte en papel
“Doy un taller dirigido a niños y adultos. A los niños, por ejemplo, les sirve para su psicomotricidad fina, para empezar a cortar, el rasgado, que no es con tijera. Y a los adultos les ayuda a seguir desarrollando su creatividad, a trabajar en su concentración”.
En los adultos, la técnica del origami ha demostrado ser una buena terapia para potenciar la memoria, combatir el estrés y tratar dolencias como artritis o depresión, entre otros beneficios.
Integrante del grupo “Artesanos del tren de Cuautla”, Araceli ofrece los viernes y sábados un taller dirigido a personas con más de seis años de edad, en el que enseña la técnica del arte en papel. La hora de clase tiene un costo de 20 pesos.
“Aquí les enseño desde cortar, doblar y empezamos a hacer todo desde cero. Casi siempre les obsequio las primeras hojas para que aprendan a cortar y sepan doblar, y después pueden comprar el color que más les guste”.
Por lo demás, el puesto se instala de miércoles a domingo en un horario de las 12:00 a las 18:00 horas.
Día con día, busca convencer a quienes pasan cerca del valor de un trabajo que no siempre es valorado, pero que ha encontrado un nicho entre los turistas nacionales y extranjeros que visitan el centro de la ciudad.
“Por lo regular, quienes valoran mucho este trabajo es gente que viene de fuera y del extranjero, ellos son los que las compran”.
Además, sabe que en cada una de las piezas hay un poco de ella:
“Cuando hago una figura es porque estoy en el momento, sabiendo que lo hago porque me gusta hacerlo. No nada más es de decir tengo que hacerlo, sino que me gusta. Hay que darles tiempo, hasta que terminamos y le damos a cada una el acabado, como debe de ser”.



























