Así viven migrantes de ciudad Ayala
El trabajo en los cultivos de ejote y maíz no discrimina: niños, mujeres y ancianos indígenas van a él todos los días en Valle de Morelos
Emmanuel Ruiz
“Aquí los niños se van al campo cuando cumplen los ocho años de edad: los más grandecitos empiezan a cortar y a los chiquitos los tenemos cerca”, explicó Cándido Villa, representante de la comunidad para todos los asuntos públicos.
Valle de Morelos
“Para comprarme la camioneta tuve que irme para el otro lado (Estados Unidos), porque aquí sale para puro ir comiendo”, dijo Simón, a quien las palabras no le resultan fáciles.
Simón, de 43 años de edad, dejó Guerrero cuando tenía 22. Creía que Morelos sería noble con él, pero ni aquí ni en Estados Unidos encontró lo que buscaba.
“Hartos hombres se van a Sinaloa, pero yo no me puedo ir porque tengo una niña a la que están tratando en Cuernavaca, porque convulsiona”, mencionó Simón y sus ojos revelan angustia.
Los cultivos no discriminan
Juana Catalán no quiere hablar. Son sus hijos quienes la animan. Juana dice palabras que yo no comprendo, y en algún momento se me ocurre que tal vez las diga con ese objetivo. Habla náhuatl, pero con sus gestos expresa más que cualquier idioma del mundo.
“Vinimos a buscar trabajo cuando estaba chiquito mi hijo. Allá (vivió hasta los 23 años en Cacalotepec, Atlixtac, Guerrero) nomás sembrar, allá trabajo de milpa, siempre en el campo, trabajaba igual que un hombre, estudié poquito, nada más segundo grado de primaria”, comentó.
Cómo surge un pueblo
Nadie sabe cuál será el destino de este pueblo. La mayoría de las calles son de tierra y pocos se atreven a esperar un poco de progreso: en cambio, los hombres han empezado a migrar a Sinaloa, donde, según afirman, hay más empleo.
























