Localdomingo, 22 de julio de 2018
Las muñecas de trapo de Santiago Mexquititlán
Cada semana viajan desde Querétaro para ser vendidas en Cuernavaca
Susana Paredes
Cada semana viajan desde Querétaro para ser vendidas en Cuernavaca
Susana Paredes

Para Francisca Juana Romaldo Salomé, artesana originaria de Querétaro, la elaboración de muñequitas de trapo mexicanas le ha permitido recorrer diferentes localidades, desde el Norte al Centro del país; en su comunidad, Santiago Mexquititlan, la competencia es muy alta pues el pueblo es conocido por la fabricación de este tipo de productos. Romaldo Salomé menciona que ha viajado a Cabos San Lucas, Loreto, La Paz, Mazatlán, Guadalajara, Durango, Zacatecas y Cuernavaca, en donde la aceptación ha sido muy favorable de manera que le ha dado ingresos para continuar su traslado a otras localidades para transmitir su arte y herencia; “me gusta salir a viajar y como mi estado está lleno de pura muñeca de todas figuras y tamaños y no puedo hacer más, ni vender, me moví (sic)”, refirió.
La entrevistada comenta que lleva 40 años dedicándose a esa labor, la cual ha transmitido a sus hijos; ellos, por su parte, las venden al por mayor y con diferentes métodos. “Compramos la tela llamada popelina, entonces como tiene molde de la mano, pierna y todo le marcamos; luego lo cosemos con máquina, cortamos uno por uno y lo llenamos todo; lo cosemos y le añadimos su peluca, vestido y pañal; posteriormente, le ponemos ojos y boca, y le trenzamos el cabello”, detalló la artesana.
Romaldo Salomé produce las muñequitas de trapo en su pueblo y viaja cada ocho días a la capital morelense para venderlas; sin embargo, indica que ha padecido la persecución de las autoridades municipales que la dejan vender en las calles del Centro Histórico. A pesar de lo anterior, confirmó que ha tenido una buena aceptación de los ciudadanos que adquieren esta mercancía que es 100 por ciento mexicana.
La mujer, junto con su ayudante, hace 200 muñequitas en una semana; estos artículos quedan terminados, comentó la señora Francisca, en el lugar a donde va o, en algunos casos, los finaliza en el camión o en el modesto puesto donde las vende, que es un lugar en el que sólo pone una manta sobre el suelo y, posteriormente, coloca todos sus productos.