El museo Palacio de los Gurza trae a tierras duranguenses una exposición inmersiva apoyada de herramientas digitales que nos hace partícipe del arte del pintor neerlandés
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El expresidente de nuestro país, Andrés Manuel López Obrador, ha roto una de las reglas no escritas entre quienes ya fueron gobernantes, ya sea en las entidades o en el país, que es el desaparecer por completo de la escena pública por al menos el periodo inmediato posterior a su mandato, simple y sencillamente porque no debería “opacar” la imagen de su sucesor, máxime cuando quien termina “palomeó” a quien se quedaría en su lugar. Seguramente para Claudia Sheinbaum le resulta muy complejo el manejar, y sobre todo, aceptar, que su “padrino” político aparezca bajo el pretexto de la presentación de su libro llamado “Grandeza”; el asunto es que hablar de su nueva obra literaria no fue lo único a lo que se refirió, y lanzó una advertencia de que no podría estar lejos de mantener esa presencia mediática en un corto plazo, de ocurrir algunas “urgencias” que lo harían aparecer más constantemente.
López Obrador lanzó una advertencia que desde Palacio Nacional, y seguramente en el exterior, no han visto bien, pues durante esta administración de Sheinbaum Pardo han tenido que “luchar” contra una percepción ciudadana importante, el hecho que desde Palenque se sigue teniendo el control del país, algo que demerita el trabajo que viene haciendo la titular del Ejecutivo, y ella sabe que esta aparición le seguirá moviendo el “barco” durante los próximos días. Porque habría que agregarle que los argumentos que AMLO envió para su posible regreso, es cuando se atentara a la democracia y a la soberanía, y si estaría por darse un golpe de estado, algo que la “inquilina” de Palacio Nacional tuve que salir a decir ayer en su “mañanera”, que ninguna de las tres cosas están en riesgo, es decir, diplomáticamente le dijo que su presencia no es necesaria, porque solamente le vino a espantar el “avispero”.
En alguno de los dos tenía que entrar la ecuanimidad, y fue precisamente Claudia Sheinbaum quien lo hizo, ante un López Obrador “sediento” de reflectores a tan solo un año y dos meses de haberle entregado el poder a la exjefa de gobierno de la CDMX. La titular del Ejecutivo, muy a su estilo, y sin perder ninguna línea del “guión” que le fue escrito cuando tomó las riendas del país, primero aseguró que el libro “Grandeza” será todo un éxito de ventas, posteriormente reconoce lo que en esta obra se destaca, la salida de más de 13 millones mexicanos de la pobreza durante su administración del 2018 al 2024. El problema es que ningún gobernante ve con buenos ojos que alguien llegue a tratar de opacarlos, máxime cuando es el antecesor inmediato, porque aunque Sheinbaum le tenga respeto, aprecio y cariño al expresidente, eso no significa que le genere satisfacción que sea él quien marque la agenda.
El líder del morenismo también provocó reacciones positivas de su aparición por parte de la militancia, quienes se han encargado de promover esta obra en sus redes sociales, pero se les olvida que quien es la Presidenta se llama Claudia Sheinbaum, quien también a finales del mes de octubre presentó el libro titulado “Diario de una Transición Histórica”, es decir, hasta serán competencia en cuanto a quién vende más de sus obras, y me parece que ahí se marcará un poco más la posible división que ya puede existir entre ambos, precisamente porque quien reside en Palenque no guarda las formas políticas. Los militantes y simpatizantes de Morena, así como los legisladores locales, federales y los funcionarios públicos identificados con esa ideología, deberán definir de qué lado de la historia estarán, con quien trata de hacer bien las cosas por ser la primera Presidenta, o por quien quiere seguir teniendo el control no solo por debajo de la “mesa”, si no ya de forma pública y descarada.
Incluso podría existir la posibilidad de que Sheinbaum Pardo ordene nuevos cambios en su gabinete, quienes estén más identificados con el tabasqueño, y esa será una clara señal de que las cosas no están bien entre ambos, y quizá lo de Ernestina por Gertz sea una pequeña muestra de lo que viene, de no ser así, pues la percepción continuará que quien manda todavía en el 2025, terminó su sexenio en el 2024.