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El relevo en la delegación del IMSS Durango con Roxana Rivera Leaños al menos en el discurso, pinta como una oportunidad para recomponer lo que durante años se ha venido desgastando, la confianza ciudadana en una institución que debería ser sinónimo de respaldo y no de incertidumbre. Porque en el estado y en el país, hablar del Seguro Social ya no es solamente hablar de salud; es hablar de filas interminables, quejas acumuladas y, sobre todo, de la constante falta de medicamentos.
Hoy, el nuevo rostro del Seguro Social tiene una oportunidad real, reconstruir credibilidad desde la gestión, desde la cercanía y desde la eficiencia. Pero si el problema de raíz sigue siendo el mismo, el relevo solo será un cambio de nombre en la puerta y los durangueses ya no estamos para simulaciones, está para soluciones.
La instrucción que se ha dado desde el centro es clara, mejorar servicios, garantizar trato digno, fortalecer la supervisión hospitalaria, reducir tiempos de espera y mantener ambientes seguros. Suena bien. Suena incluso esperanzador. Pero en Durango, el problema no ha sido nunca la falta de buenas intenciones, sino la incapacidad de convertir esas frases institucionales en una realidad tangible para el paciente.
Y si Roxana Rivera quiere realmente marcar diferencia, deberá empezar por lo básico, que haya medicamento; porque la narrativa oficial podrá hablar de “mejor atención”, pero la ciudadanía sigue enfrentando la escena cotidiana de recetas incompletas, farmacias vacías y la recomendación de siempre: “cómprelo por fuera”. Eso no es un detalle administrativo, es una falla estructural que golpea directo en el bolsillo y en la salud de miles.
La nueva delegada llega con un perfil técnico robusto. Cuenta con 18 años de experiencia en el IMSS y ha ocupado cargos relevantes, como titular de la Jefatura de Servicios de Prestaciones Médicas en el Órgano de Operación Administrativa Desconcentrada del Distrito Federal Norte. Además, fue jefa de Departamento Clínico en la UMAE del Centro Médico Nacional Siglo XXI, uno de los espacios más demandantes del país.
No solo eso, su formación incluye especialidad en Patología Clínica, una maestría en Gestión de la Salud y un doctorado en Alta Dirección. Es decir, no se trata de un nombramiento improvisado ni de una cuota política evidente. En teoría, su currículum ofrece una señal positiva para una institución que en Durango necesita urgentemente liderazgo profesional y sensibilidad social.
Sin embargo, Rivera Leaños tomará las riendas en medio de un terreno minado por señalamientos acumulados durante la administración de Claudia Díaz Pérez, quien asumió la delegación en diciembre de 2021. Desde entonces, la delegación enfrentó constantes reclamos por fallas en la prestación de servicios, baja capacidad de respuesta y una percepción generalizada de abandono institucional.
La administración saliente no solo cargó con críticas ordinarias, sino con hechos que indignaron profundamente a la sociedad duranguense. El caso más doloroso fue el de Daenerys, una niña de cuatro años originaria de Pueblo Nuevo, cuyo fallecimiento ocurrió en el Hospital General de Zona No. 1 tras permanecer varios días en espera de una cirugía que nunca se realizó. La tragedia detonó acusaciones de presunta negligencia médica y dejó una herida social que aún no cicatriza.
En ese mismo mes de octubre, la Comisión Estatal de Derechos Humanos informó la recepción de siete quejas contra personal del IMSS por presuntos actos de trato indigno y demoras en la atención médica urgente; como si eso no bastara, en febrero de 2025 se registraron manifestaciones de residentes por la asignación de plazas de servicio social en Sinaloa, en zonas consideradas de riesgo por los propios médicos.
Luego vino el caso de la psiquiatra Elizabeth Blas Soto, quien denunció haber sido desalojada de su consultorio por la fuerza el 17 de julio de ese mismo año y para cerrar el año, en noviembre, el Hospital Rural No. 26 en Guadalupe Victoria volvió a colocar al IMSS en el ojo público. El alcalde J. Carmen Fernández Padilla difundió un video denunciando malos tratos del personal hacia una paciente que lloraba de dolor. Una escena que, aunque pudiera parecer cotidiana en el México de la saturación hospitalaria, en Durango fue una evidencia más de la crisis de trato digno.
Con ese historial, resultaba evidente que el cambio era inevitable; pero también es cierto que ningún nombramiento, por sólido que sea, garantiza por sí mismo la transformación. Rivera Leaños recibe una delegación con mala reputación, con personal desgastado y con ciudadanía cansada de escuchar promesas sin resultados, pero le damos el beneficio de la duda.