El panorama de violencia nacional ahuyenta al turismo y frena la llegada de nuevas inversiones que son vitales para mantener a flote la economía de los comerciantes locales
El ayuntamiento analiza conceder lugares de venta en la vía pública durante los festivos para reactivar el ingreso de las familias sin interrumpir la cartelera de actividades
Mediante un esquema de pagos quincenales muy accesibles las familias podrán equipar sus hogares para proteger su economía y mejorar notablemente su calidad de vida cada día
Los altos costos operativos y la reciente volatilidad del dólar amenazan con encarecer los alimentos, por lo que el sector primario urge una pronta intervención gubernamental
Tras recientes accidentes fatales, diversos ciudadanos reconocen una severa falta de educación al transitar por las calles locales e instan a conocer los reglamentos vigentes
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El Congreso de la Unión aprobó el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, y con ello quedó al descubierto, una vez más, la verdadera prioridad del régimen; mantener el control político a través de los programas sociales. Los legisladores de Morena y sus aliados votaron en bloque un proyecto que no responde a las necesidades reales de los estados, sino al propósito de asegurar recursos para sostener la maquinaria electoral del poder.
¿Quiénes son los más afectados? Desde luego, los ciudadanos y los duranguenses. Los recortes a diferentes rubros estratégicos son una muestra clara de ello, en lugar de fortalecer la infraestructura, la salud, la educación o el campo, el presupuesto concentra dinero en programas clientelares que se utilizan con fines políticos. No se trata de solidaridad, sino de supervivencia electoral. Es el mismo modelo de centralización del poder que castiga a los estados y premia la lealtad partidista.
Para Durango, el PEF 2026 quedó en 42 mil 994 millones de pesos, según el Fondo General Participable. A primera vista, podría parecer una buena noticia, pues representa un incremento del 3.4% respecto al año anterior; sin embargo, la realidad es menos alentadora, la inflación proyectada es de 3.8%, lo que significa que, en términos reales, no hay aumento, sino una pérdida de poder adquisitivo.
En palabras simples, Durango recibirá prácticamente lo mismo, pero todo costará más. Y aunque debe reconocerse que hay un incremento del 9.8% en participaciones, derivado del esfuerzo del gobierno del estado por mejorar la recaudación local, ese mérito se diluye frente a la falta de respaldo federal. Es decir, Durango está haciendo su parte, pero la Federación no está respondiendo con la misma voluntad.
El rubro de Programas y Proyectos de Inversión refleja con claridad el problema. De los 2 mil 168 millones de pesos asignados, mil 600 millones están destinados exclusivamente a la Presa El Tunal II, dejando poco margen para otras obras urgentes. En términos reales, Durango recibirá 240 millones de pesos menos que en 2025, lo que confirma que el recorte es tangible y no un asunto de percepción.
La Presa El Tunal II es, sin duda, una obra histórica que garantizará agua para las próximas generaciones, pero el desarrollo no puede concentrarse solo en un proyecto. Durango necesita más carreteras seguras, hospitales equipados, escuelas funcionales y apoyo real al campo. Las grandes obras son importantes, pero el progreso debe sentirse también en las comunidades pequeñas y en las regiones rurales que sostienen la economía local.
La diputada local Rocío Rebollo fue clara al hacer un llamado a los diputados federales a sumar fuerzas por Durango; sin embargo, nada pudieron hacer. La mayoría oficialista de Morena y sus aliados impuso nuevamente su voluntad, cerrando la puerta a toda posibilidad de mejorar el presupuesto. El centralismo político volvió a ganar la partida sobre la visión de un federalismo justo.
Detrás de la retórica del “bienestar”, se esconde un cálculo electoral, mantener recursos suficientes para seguir operando los programas sociales con fines de control político. No se trata de redistribuir la riqueza, sino de administrar la pobreza con fines electorales. Los recortes no son errores técnicos, sino decisiones deliberadas.
El Presupuesto 2026 confirma que el régimen usa el dinero público como instrumento de permanencia en el poder. Mientras las entidades federativas pelean por un trato equitativo, el gobierno central se aferra a la idea de que los programas sociales garantizan votos. Pero los votos no construyen carreteras, no equipan hospitales ni mejoran las aulas.
Durango no compite entre partidos, compite por el desarrollo, por eso, más allá de colores o ideologías, urge una agenda común que defienda al estado frente a los recortes federales. El presupuesto debe ser herramienta de crecimiento, no de control político. Los duranguenses necesitan soluciones, no discursos; progreso, no propaganda. Si la Federación no lo entiende, Durango tendrá que seguir demostrando que, con o sin apoyo, tiene que salir adelante.
Los duranguenses no pueden vivir del relato del “humanismo mexicano” cuando los caminos siguen sin pavimentarse, los hospitales carecen de medicinas y los productores enfrentan solos el abandono. El Presupuesto 2026 no es el reflejo de un proyecto de nación incluyente, sino de un gobierno que reparte dinero con el ojo puesto en las urnas. En Durango lo sabemos bien, el progreso no se decreta desde Palacio Nacional, se construye con hechos, con recursos y con voluntad política.