Locallunes, 2 de marzo de 2026
Cebolla, el esfuerzo del campo que alimenta a Durango
La producción local se centra en el consumo local y ayuda a mantener su precio accesible al consumidor duranguense
Joshael Rojas

La cebolla crece sin reflectores, pero con el trabajo constante de familias que dependen del clima, del agua y, muchas veces, de la esperanza. Aunque la producción en el estado es baja en comparación con otras entidades, este cultivo mantiene un valor especial: es local, natural y con menos químicos.
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El cultivo de este alimento mantiene una importancia estratégica para el consumo local, pues ayuda a que los precios no aumenten en la entidad, además de distinguirse por un manejo más natural y con menor uso de químicos en comparación con otras regiones agrícolas.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (SAGDR), en el estado son 10 los municipios que siembran cebolla, entre los que destacan Cuencamé, Gómez Palacio, Lerdo, Poanas, San Juan del Río y principalmente, Peñón Blanco, que en 2025 registró 29.3 hectáreas sembradas. En total, Durango contabilizó 92.33 hectáreas sembradas, de las cuales se cosecharon 64.33 hectáreas, independientemente si estaban bajo el esquema de temporal o riego.
Para José Contreras, la cebolla crece sin reflectores en Durango, la mayoría de los productores son temporaleros y la producción depende totalmente de la esperanza de que el clima traiga consigo el agua necesaria para que el producto crezca sano.

“Muchas veces no se necesita tanta agua, pero a veces no llega en el momento que se necesita y es ahí cuando se pierde crecimiento ”, asevera José. El riego necesario es cada cinco u ocho días, “ este año como llovió mucho hubo bastante producción y no necesitamos agua”, concluye.
El productor duranguense calcula que entre un 40 a 30% de la producción se destina a los mercados locales de Durango y el resto se va a estados como Sinaloa, Coahuila, Sonora y Chihuahua; “prácticamente la producción de cebolla se dirige al consumo local, aunque también mandamos cebolla a otros estados principalmente a Sinaloa”, agrega.

Oriundo del municipio de San Juan del Río, detalló que en Durango solo se siembra un ciclo al año, el cual empieza en julio y se cosecha en octubre, noviembre y diciembre. Sin embargo, algo que caracteriza a la cebolla duranguense es que no tiene una carga química de importancia, por lo que es un producto criollo de la región.
De la producción de cebolla no sólo se mantienen los agricultores duranguenses, representa una importante fuente de empleo temporal para el medio rural. Tan sólo para la siembra se requieren entre 15 a 20 personas por hectárea para plantar y de 10 a 12 personas para la cosecha del producto.

“ Se necesita mucha gente, a veces no es suficiente los trabajadores de los municipios de San Juan y del Rodeo y viene gente de fuera como Guanajuato y Zacatecas, se están uno o dos meses aquí para ayudarnos a mochar la cebolla ”, declara don José.
Poca en volumen, pero esencial para la mesa duranguense, la cebolla del estado representa el esfuerzo silencioso de quienes producen alimentos sin grandes recursos, pero con un compromiso firme con su tierra y su gente.